Monjamón entra en campaña electoral. No sabemos si la Junta Electoral Central nos meterá un puro… pero nos atrevemos a pedir el voto para una segunda temporada de Vota Juan. La matriz española de la estadounidense TNT se adentra en la política ibérica con una comedia efectiva que hace que nos espantemos ante el temor de que esta ficción se asemeje al funcionamiento orgánico de los partidos. Y es algo que tampoco debería extrañarnos mucho dada la patente mediocridad que lucen muchos de nuestros representantes públicos.

¿Fiel reflejo?

Ni de izquierdas, ni de derechas. Tampoco centro y ni siquiera un extremo. Nada durante toda la temporada hace indicar al espectador a qué ideología responde el partido gobernante en España. Todo se centra en cómo Juan Carrasco, ministro de Agricultura, mueve los pocos hilos (y pocas luces) que tiene para escalar puestos dentro del partido o, al menos, “no volver a Logroño”.

Y en eso se basa todo, no en solucionar los problemas del sector, o interesarse por las necesidades de la ciudadanía, sino en salvar las crisis, hacer como si no pasara nada y centrar todos los esfuerzos en conquistar las primarias del partido. Un trabajo más dedicado a la publicidad (o la pura política) que en ejercer el poder Ejecutivo para poder seguir siendo un país competitivo.

Juan, ese hombre

Al titular de Agricultura esta cartera le sabe a poco, pese a la gran variedad de sabores que proporcionan los productos a los que defiende (en los ratos que las luchas internas del partido se lo permiten). Juan ya no busca dinero y calidad de vida porque esto le sobra, pero busca la fama y el reconocimiento social. Su sueño es ser popular, estar en todas las salsas y que la gente lo quiera. No lo va a tener nada fácil al resultar un personaje carente de carisma y mezquino en buena medida.

Y es que su reconocimiento no le llega por ningún flanco. Sus subordinados no creen en él, no se puede decir que cuente con muchos amigos (y menos si no están a su servicio bajo sueldo) y lo de su familia ya es capítulo aparte. Este apartado es bastante divertido.

Un reparto agraciado

Y es que no sólo el gran Javier Cámara tira del carro de esta tragicomedia política. Su asesora más directa y de mayor confianza no es ni más ni menos que la gran María Pujalte. Poco más se puede decir de esta tremenda actriz, una Laura cuyos misterios arrastró a millones de espectadores en TVE y cuya serie fue cancelada por cuestiones que poco tenían que ver con su calidad o seguimiento, de hecho dio el salto a Estados Unidos. Pujalte es, al igual que Cámara, una de nuestras grandes intérpretes patrias de nuestro tiempo.

Y esta pareja se apoya en el resto del reparto con una más que efectiva Nuria Mencía, y los solventes Joaquín Climent y Adam Jezierski, que fueron profesor y alumno respectivamente en Física o Química.

De destacar es el debut en ficción de Esty Quesada, más conocida como la popular youtuber Soy una pringada. No sabría decir cómo de buena es como actriz esta chica, pero sí puedo decir que el papel le va que ni pintado y que es responsable de algunos de los momentos más jocosos y desternillantes de la serie.

Todo listo para la segunda vuelta

Si no me equivoco mucho creo que todo el mundo da por hecha una segunda temporada. La trama prepara un escenario trepidante para una continuación, la cadena parece haberse inmerso de lleno en la aventura de la producción española a la busca de publicidad nacional y la crítica abala (moderadamente) a la ficción. Todo parece indicar que habrá más Juan Carrasco, algo que da miedo en periodo de elecciones, porque el personajillo se las trae. Aunque da menos escalofríos que buena parte de lo que se nos viene encima tras el 28 de abril.

Un bonus

También es de reconocer la originalidad de los publicistas de esta serie de TNT España. Aprovechando la campaña electoral (la real), los creativos de la compañía han adaptado la imagen de Juan Carrasco a los carteles de los principales partidos. Otra treta más para que no sepamos la ideología del partido de nuestro candidato favorito. Además, otro cartel evidencia sus “diferencias” con otros candidatos sacando a relucir sus vergüenzas. Todo muy real.

De todas maneras los ejemplos de Ucrania y en parte Italia nos llevan a pensar que cualquier día podríamos tener a Javier Cámara como presidente real del Gobierno… Suena a paja mental, pero tendría mi voto.

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