The Last Kingdom

Vivo con miedo a que cancelen The Last Kingdom. Es un miedo poderoso, porque me encanta y me gustaría verla concluir, pero también justificado porque es una de esas series de las que nadie habla. Quizá eso hace que la disfrute el doble, como un encuentro amoroso de dudosa continuidad, ¿será esta temporada la última? ¿Quién sabe? Como dice Uhtred, “el destino lo es todo”. Y el destino, ya sabéis, es impredecible.

Siguiendo la línea marcada por las dos anteriores entregas, la tercera temporada de The Last Kingdom aglutina otras dos novelas de la serie Sajones, vikingos y normandos, de Bernard Cornwell. Le ha tocado adaptar, por lo tanto, los tomos quinto y sexto: La tierra en llamas y Muerte de reyes. Es una decisión arriesgada porque la saga literaria aún no tiene final y, como en Juego de Tronos, se corre el riesgo de “pillar” al autor original. No obstante, a diferencia de George R. R. Martin, Cornwell es un autor prolífico que publica nuevas entregas a un ritmo prácticamente anual. Eso, sumado a que ya hay 11 novelas publicadas, da bastante margen para parir algunas temporadas más sin preocuparse por ese problema.

La parte buena es que al contar con tanto material de referencia los guiones se permiten un ritmo narrativo frenético, raras veces visto en una serie de corte histórico. Todos los episodios están cargados de eventos relevantes y, en general, dan la sensación de avanzar como una locomotora (bueno, como un drakkar, mejor dicho). Esta tercera temporada se mantiene en esa línea, sin contar con un mal capítulo de relleno, e incluso se permite introducir algunas batallas más de lo habitual. Batallas que, por cierto, son más sangrientas e intensas que nunca.

De un modo similar a Roma, The Last Kingdom se vale de las peripecias de Uhtred, un ficticio noble sajón criado entre daneses, para hilar un marco histórico de mayor envergadura, en este caso el reinado de Alfredo el Grande y su sueño de unificar Inglaterra. El rigor histórico y la ficción más nervuda se dan la mano de forma muy equilibrada, manteniendo además un gran respeto hacia las (bastante recomendables) novelas originales. Este tercera temporada está ubicada en los años de la conquista de York por parte del ejército pagano. La guerra contra las fuerzas vikingas se ha recrudecido mientras la salud de Alfredo se debilita. Del mismo modo, vuelve a ponerse en entredicho la lealtad de Uhtred, quien sigue dividido entre sus raíces sajonas y su educación danesa.

The Last Kingdom

Mientras que a nivel argumental la serie ha llegado a su clímax, en su factura técnica también se aprecian mejoras sustanciales. Tras dos temporadas como coproducción entre la BBC y Netflix, en esta ocasión la cadena de streaming se ha cargado sobre los hombros todo el peso del rodaje y eso se ha traducido en una mejora de medios muy apreciable. Atrás quedan las elipsis para ocultar las limitaciones de unas escaramuzas de bajo presupuesto. Por primera vez The Last Kingdom se siente como una serie cara que ya no se ve obligada a contener su ambición para que cuadren los números. Y eso deja muy buenas sensaciones de cara a los futuros enfrentamientos por llegar.

Mientras Vikingos sigue dejando sensaciones agridulces, The Last Kingdom se mantiene al alza. Estar narrada desde una perspectiva sajona no le impide convertirse en una de las mejores producciones de temática vikinga que se han rodado, y también es una de las más deliciosas propuestas para los amantes de las aventuras de espada e intrigas palaciegas. No esperéis a que la cancelen para descubrirla. En su estado actual se ha consolidado como uno de los títulos más sólidos y emocionantes del catálogo de Netflix. Es más consistente que Vikingos, más humana que Juego de Tronos y tiene todo el encanto histórico de Roma.

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