Al nuevo presidente de RTVE le han dejado la casa hecha un solar y tiene por delante la titánica misión de enderezar un poco, lo que buenamente pueda, el maltrecho estado de la entidad pública. Y todo esto sin ningún Terminator enviado del futuro para ayudarle ni la capacidad (que se sepa) de convertirse en Hulk para meter al personal en cintura cada vez que lo saquen de sus casillas.

Pero no todo fueron cancelaciones, nubes negras, despidos y números rojos. Donde ahora hay ruina antes hubo prados verdes, frondosos campos de amapolas, tiempos de abundancia donde todo era jolgorio y alegría, tiempos en los que hasta las ideas más disparatadas germinaban con loco entusiasmo sobre un campo abonado de cheques en blanco. Un tiempo en el que los presupuestos eran aprobados y firmados a “1, x, 2”, como el que rellena una quiniela. Fue en ese tiempo de calzoncillos en la cabeza y apretones de manos en campos de golf cuando nació… ¡LA NOCHE DE LOS CASTILLOS!

No sé muy bien de dónde vendría la idea de este proyecto, pero puedo visualizar perfectamente la escena. Reunión de ejecutivos de la cadena (hoy ex ejecutivos, me imagino). Ambiente de cachondeo debido al balance positivo del último informe de algo. Entre felicitaciones de “somos la ostia” y “lo estamos petando” alguien se levanta, completamente serio, y da un autoritario golpe encima de la mesa. “Vamos a hacer un concurso que va a ser el recopetín de Bullas”, exclama. Unas copas más tarde, es aprobado el presupuesto del programa que dejaría las cuentas de la cadena pública con más agujeros que la toga de Julio César.

La noche de los castillos se emitió entre 1995 y 1996. Inspirado en otros formatos de “ginkana a lo bestia”, como El gran juego de la oca de Antena 3, este programa se caracterizó por llevar hasta las últimas consecuencias la idea del gran concurso-espectáculo planteada por el espacio que lanzó al estrellato a Emilio Aragón. En este caso la temática era medieval y el encanto del programa consistía en que se rodaba en varios castillos reales de la geografía española (aportando así, supongo, un dudoso interés cultural a lo que no era otra cosa que un puñado de tíos pegándose tortazos en unas ruinas medievales).

Tres equipos, rojo, verde y amarillo, competían en los exteriores e interiores de las fortalezas con el objetivo final de rescatar a la hija del rey, que por cierto estaba interpretado por Anthony Quinn, nada menos. En cambio el papel de la princesa en apuros era rotativo y recayó sobre los hombros de algunas de las caras más conocidas del momento, como Sofía Mazagatos, Silvia Abascal, Norma Duval, Anne Igartiburu y… Leticia Sabater. Otros actores de renombre que se dejaron ver por el programa fueron el gran Saturnino García, Daniel Guzmán o Miguel Rellán, poco antes de convertirse en el entrañable Félix de Compañeros.

En cuanto a las pruebas, nada de sacar monedas de chocolate de una piscina con barro, en La noche de los castillos todo se hacía a lo grande y nada más llegar a la localización de turno (en helicóptero, si mi memoria no me falla) se iniciaba una carrera por liberar unos coches todoterreno que estaban bloqueados y llegar al castillo antes que los demás equipos. Recuerdo esta parte como la más emocionante y frenética del programa, el resto era una sucesión de pruebas variadas por el castillo, amenizadas por actores y figurantes que le daban algo de trasfondo al asunto, con el objetivo de reunir suficiente oro para fundirlo en el molde de una llave para liberar a la princesa de su celda. La recta final del programa, en caso de haber logrado el objetivo anterior (cosa que no siempre sucedía), consistía en escapar del villano y entregarle al rey su hija a salvo.

El primer premio, cuatro millones de pesetas para el equipo ganador de cada programa, era calderilla al lado de lo que costaba la realización de cada episodio. El despliegue de medios técnicos y humanos que TVE puso a disposición del concurso era casi digno de unos Juegos Olímpicos, algo que se podría haber justificado hasta cierto punto si con ello se hubiera conseguido el beneplácito de la audiencia. Pero no fue así y unas cifras de share en caída libre aceleraron la muerte del concurso, que primero recortó sus episodios a 15, de 27 previstos inicialmente, luego recurrió al uso de decorados parciales para ahorrar costes de producción y finalmente La noche de los castillos hizo honor a su nombre pasando a la franja nocturna del sábado, antes de desaparecer para siempre de la parrilla.

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