Probablemente nunca ha existido ni existirá un mejor caldo de cultivo para el horror y el misterio que la Londres victoriana. Resulta fascinante cómo un tiempo y un lugar tan concreto pudo originar tantas pesadillas, tanto reales como ficticias, que no solo perduran en el imaginario colectivo sino que siguen inspirando nuevas revisiones y reinterpretaciones en prácticamente cualquier ámbito de la cultura pop más actual.

La Londres del siglo XIX, con sus calles llenas de hollín, sus cielos encapotados, sus callojones oscuros y la doble moral de su sociedad, fue el hogar de escritores como Bram Stoker, Mary Shelley o Oscar Wilde, escenario e inspiración de la mayor parte de la novela gótica y de los folletines sensacionalistas de a penique, y también coto de caza de monstruos de carne y hueso como Jack el Destripador.

Con semejante catálogo de pesadillas dentro del mismo marco histórico no es de extrañar que tampoco falten intentos de meterlo todo en la batidora, como si formaran parte de un mismo universo común. Le funcionó a la Universal con decenas de secuelas que enfrentaron entre sí a Drácula, el hombre lobo o el monstruo de Frankenstein, le funcionó a Alan Moore con su brillante Liga de los hombres extraordinarios (el cómic, no la película, malandrines) y le funciona de maravilla a Penny Dreadful, la nueva producción del canal Showtime estrenada en Estados Unidos hace semana y media.

La serie cuenta con guión de John Logan (Un domingo cualquiera, Gladiator), producción ejecutiva de Sam Mendes (American Beauty, Camino a la perdición)  y dirección de Juan Antonio Bayona (El orfanato, Lo imposible) en los dos primeros episodios, una maquinaria creativa que sobre el papel hace muy difícil que cualquier proyecto descalabre. Sin embargo, el reto que estos señores tienen delante tampoco es baladí. Reunir bajo una misma ficción a personajes como Drácula, Dorian Gray, Jack el destripador o el Dr. Víctor Frankenstein es una premisa tan manida que resultaría hasta risible si no fuera por el impecable cuidado en lo formal y su obsesión por mantener en todo momento la ilusión de un realismo histórico muy calculado.

Aunque por el momento solo se han emitido dos capítulos, Penny Dreadful es ya una de las revelaciones de la temporada y una muy digna rival de True Detective en la carrera por coronarse mejor serie del año. Sus cartas están sobre la mesa: un reparto magnífico, una fotografía cautivadora y unos guiones muy inteligentes que están más interesados en mostrar que en explicar. El Santo Grial de la buena televisión es poner al espectador al borde del sofá con el corazón en vilo y la mente funcionando a toda máquina, algo que John Logan consigue a la perfección abriendo tres nuevas preguntas por cada respuesta y dejando como migas de pan pequeñas pistas dispersas por las escenas.

No creo que Penny Dreadful vaya a ser la nueva Breaking Bad. Probablemente sea demasiado críptica y morbosa para el gran público. Sin embargo, me cuesta pensar en algo más apetitoso que el resultado de agitar en una coctelera lo mejor de la Hammer, el delirio freak de Carnivàle y el magnetismo de Twin Peaks. Demasiados puntos débiles me toca esto como para no ver aquí algo más que un comienzo prometedor.

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