(*Contiene spoilers de la primera temporada)

A estas alturas toda España debería conocer a Paquita Salas, pero la representante de actores de la compañía PS Management no ha sabido gestionar bien su éxito. Algo similar parece haberle pasado a Javier Calvo y Javier Ambrossi (‘La Llamada’, 2017), creadores del personaje y su serie homónima. Tras una primera temporada completamente deslumbrante, Paquita vuelve siendo muy reconocida. Triunfó en los Premios Feroz de la prensa especializada cuando sólo el estar nominada ya era un éxito para una serie web, que emitió la plataforma Flooxer (Atresmedia). Tras los Feroz vinieron los Goya… y pese a no poder estar nominada al ser una serie, Paquita (Brays Efe) presentó un premio de la Academia de Cine Español. Y no cualquier premio, el Goya a la Actriz Revelación.

Así, la representante abarcó la fama que tanto anhela para sus representados, pero también un poco para ella. Un personaje meditado y con gracia. La revolución que ha provocado hizo que el gigante Netflix se fijara en su garbo y “su forma de andar”.

En esta segunda temporada todos han querido subirse al carro del éxito. Personajes e intérpretes como Ana Obregón, Míriam Díaz Aroca, Fernando Colomo, el triunfito Roi Méndez, Ignatius Farray, Kira Miró, Antonio Resines, Beatriz Luengo, Paz Vega, Eva Santolaria (y voy a parar ya, aunque podría seguir) … todos querían estar con Paquita en su nueva etapa, que gracias a Netflix tiene un alcance mundial. “Júntate a mi lado y habrá éxito”, defiende Paquita y no se equivoca.

Paquita es mucha Paca , pero tras alcanzar el éxito en su primera temporada colocando a Mariona Terés al frente de una película, todo se le vuelve a poner en contra.

Siempre acompañada de su fiel secretaria Magüi (Belén Cuesta), ve cómo en cuanto una de sus actrices 360 (la actriz perfecta y completamente versátil, según Paquita) consigue el éxito, ésta se va con otro representante. Lo malo no es tanto eso, sino que Mariona abandona a Paquita y Magüi debiéndoles el dinero de la película. Una situación que se agravará y PS Management tendrá que compartir la oficina para salir adelante. “Co-working lo llaman ahora”.

El tan esperado regreso de la serie empezó muy frío, parecía que ‘los Javis’ habían perdido esa magia a la hora de contar la historia. De hecho, ha habido momentos en los que parecían más trabajadas las infinitas promociones que han realizado que la trama de los capítulos. Llama la atención cómo con un comienzo tan plano en el que los directores se pierden en temas que no vinen mucho al caso (la libertad de expresión y los ataques al nombre de España, la esta vez poco acertada -no como en la primera tempoarada- trama con personas con discapacidad), esta consigue remontar al final.

Verdades como puños

Quizá porque en los últimos capítulos Paquita (o sus directores) consigue(n) volver a desarrollar en el espectador esa empatía de quien a veces se pierde en esta sociedad. Ese emprendedor al que se le hace imposible adaptarse a lo que le demanda un cliente o a lo que oferta la competencia, esa persona que ha fracasado en el amor y ya se le pasa el arroz, ese no saber por qué todo se va a la mierda. Paquita es ese español fracasado que, aunque no lo seamos permanentemente, muchas veces nos hemos sentido. A la vez, la veterana representante posee un humor negro que a veces te hace reírte de cosas de las que no deberías y tiene una gracia para introducirlo que muy pocos personajes manejan (gracias a eso te puedes sentir menos culpable).

Si por algo triunfa Paquita Salas y salva los muebles en su segunda temporada (ya os aviso que dejan un final demasiado abierto para hacer una tercera temporada que ya ha sido aprobada por Netflix) es por la verdad de sus personajes principales. Paquita representa la decadencia en persona, tiene momentos felices que -por lo general- suelen durar poco y la serie refleja sus bajadas a los infiernos de la manera más decrépita. Ahí hay verdad.

Por otra parte Magüi es la empleada pringada que se deja pisotear por su admiración a Paquita. Una renovada versión de Sancho Panza teniendo a Paquita de Don Quijote particular, le echa a la agencia todas las horas y toda la ilusión del mundo a cambio de un mísero sueldo… cuando cobra. Ahí también hay verdad.

Capitaneadas por Lidia San José, a Paquita le acompañan otros actores y, sobre todo, actrices de la agencia que buscan hacerse hueco en el panorama cultural. Luchadores que persiguen su sueño pese a que el mercado o la sociedad se lo ponen casi imposible. Ahí hay verdad.

Ahora los Javis tienen el objetivo de relanzar a Paquita, porque saben y porque pueden. Pese al desconcierto inicial de esta temporada y una aparente pérdida de rumbo, puedo decir que ha merecido la pena reencontrarse con Paquita y que ya somos muchos los que esperamos que la tercera temporada venga pronto. Ojalá pueda decir de la siguiente que es una temporada 360.

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