Seguimos inmersos en la profunda transformación del mercado audiovisual en España y en todo el mundo. La expansión del mercado para las operadoras de telefonía no ha encontrado altura (ahora dicen que también quieren convertirse en nuestros bancos). El último paso que dieron fue entrar en el negocio televisivo. Una incursión que en España ha liderado Movistar. La telefónica se hizo con la plataforma de pago más importante del país, Digital+, que acechada por las deudas del grupo Sogecable (Prisa) no pudo más que rendirse ante un rival al alza. Fue así como Movistar se convirtió en Movistar+. También fue así como el mítico Canal+ (integrado anteriormente en Digital+) pasó a convertirse en #0.

Tras esta breve introducción asistimos al nacimiento de un nuevo canal de pago “made in Spain”. Movistar+ dio vida a #0 con una gran apuesta por la producción propia. Programas como Late Motiv, con Buenafuente y Berto; Ilustres ignorantes, con un gran plantel de humoristas; La Resistencia, con David Broncano; Tabú, con Jon Sistiaga; Cuando ya no esté, con Iñaki Gabilondo; Likes (ya desaparecido de la parrilla, aunque fue muy interesante) con Raquel Sánchez Silva; El puente, con Paula Vázquez… Un sinfín de nuevas apuestas que se han combinado con programas recuperados de parrillas de otras cadenas. Este ha sido el caso de Fama: A bailar, también presentado por Paula Vázquez, y Velvet Colección, la secuela del Velvet de Antena 3.

Con este último ejemplo saltamos a la ficción de la cadena. A bombo y platillo se anunciaron dos obras que ha emitido la cadena. Una fue La Peste, Con Paco León y que no terminé de disfrutar. La otra fue La Zona.

No entrar en La Zona
Esta nos sitúa en el contexto actual en una situación ficticia, aunque cualquier día podría dejar de serlo. En una central del norte peninsular se produce un accidente nuclear. El hecho es tan grave que hay que evacuar permanentemente un amplísimo territorio. Esta evacuación forzada es el caldo de cultivo para que dentro y fuera de la zona restringida se produzcan saqueos, aparezca el mercado negro, se extienda el trapicheo de droga, se implanten mafias…

Gran parte de los solicitantes de estos productos y servicios de origen ilegal dentro de la zona serán trabajadores que se dedican a descontaminar el terreno y mantener a raya al aún latente reactor de la central. Son como una especie de “héroes de Fukushima”, pero a la española. Sin embargo, toda la estabilidad que se consigue mantener tras la explosión se ve alterada por un asesinato y la presencia de un ser que devora carne humana.

Un ritmo muy distinto
Una gran trama que huye de un tratamiento agresivo. La Zona no es una serie adictiva, no está pensada para enganchar, va a paso lento. Sin embargo, que no sea adictiva no significa que no sea una buena serie. Creo que en ningún momento se podría hacer un reflejo más fiel de un hecho tan ficticio como posible. Errores graves en situaciones de emergencia (ya lo vimos en el accidente del Yak-42), corrupción política y empresarial con fallecidos de por medio, policías corruptos, jueces al servicio del gobierno de turno, teorías de la conspiración… Se podría decir que La Zona es un simulacro de qué pasaría tras un accidente nuclear con un margen de error del 1%.

Al parecer en esta cadena han apostado por este estilo de series, ya que La Peste tenía un ritmo parecido. Un ritmo que recuerda a una ambiciosa coproducción de La Sexta en colaboración con la BBC. Dicho así parecería que la serie fue un rotundo éxito de audiencia y de crítica, pero ni mucho menos. Pocos recordarán Refugiados, un thriller de ciencia ficción que traía a España a refugiados del futuro. La idea resultaba genial, pero este ritmo lento no conectó con la audiencia. Además, los creadores estaban muy seguros de un éxito que nunca llegaría y dejaron la serie con un final tan abierto para una segunda temporada que nadie podría haber quedado satisfecho con el final de la primera, que resultaría ser el definitivo.

En el caso de La Zona, la trama queda bien resuelta con el capítulo final, así que sería una llamativa sorpresa toparnos con una segunda temporada. A destacar en esta ficción la gran labor de Alexandra Jiménez. A esta gran actriz, por lo general, la situamos más en comedias (de hecho fue la última presentadora de El Club de la Comedia) y sin embargo borda los dramas.

Se puede decir abiertamente que La Zona es un drama, un dramón que coloca como principal protagonista al inspector de policía encargado de investigar los hechos, un superviviente de la tragedia que sin embargo, perdió a su hijo en el accidente, lo que aumentará la carga emotiva del caso. Pero tampoco esperen llorar, La Zona se adentra más en lo policíaco que en cualquier otro género. Parece que esta serie se ha hecho a drede para que no sea un fenómeno de masas, para que a veces el ritmo resulte tedioso, para que no te encariñes con los protagonistas por sus múltiples defectos y mezquindades. Un reflejo fiel de que todos tenemos luces y sombras.

La Zona, en definitiva, parece no estar hecha para gustar, simplemente para contar una historia muy interesante de una forma lo más realista posible. Ahí radica su encanto. Ahí radica la valentía de todos los que la han hecho posible y la de las nuevas plataformas que apuestan por ofrecer un estilo diferente de televisión ¿Durará?

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[…] Pero sin duda esta estrategia pasa por seguir invirtiendo en la ficción nacional, lo que supone una alegría para el espectador que puede verse reflejado en una u otra producción.La duda está en si seguirá apostando por unas opciones que no parecen estar cumpliendo las expectativas o desviar esa inversión hacia otras ficciones nuevas que pulan errores anteriores de lo que es, sin duda (para bien o para mal), una producción sin complejos. Una producción atrevida que ya elogié con La zona. […]