La adolescencia (de la sociedad americana) de nuestros días queda retratada de la manera más nihilista posible. Rue, interpretada por la actriz y cantante Zendaya, es una joven atormentada por la pérdida de su padre y por su adicción a las drogas. Su vida se traduce en un trascurrir de los días que solo destaca entre chute y chute de todas las drogas habidas y por haber. Conejillo de indias de sí misma, algo cambia cuando conoce a Jules, una chica nueva en la ciudad que revolverá su mundo.

Diáspora de personajes

El punto de partida de la serie resulta francamente incómodo, desagradable y, en ocasiones, hasta exasperante. Tanto es así que, en mi caso, me planteé abandonarla. Lo positivo es que pese a que el personaje principal suponga un ser bastante repulsivo e innecesario para la sociedad, la historia sabe evolucionar y pibotar con algunos de los personajes que le rodean. Y digo algunos porque la serie sabe muy bien a qué publico se dirige: público joven. Pese a que cada capítulo está dedicado a una persona, jamás encontraremos entre estas personas a un adulto. Con una notable y trabajada introducción sobre el pasado de cada personaje, el inicio de cada episodio muestra cómo los adultos condicionan la infancia de los personajes juveniles. Tras esto, el episodio arranca con la situación actual de cada adolescente y mucho más centrada en su relación con el resto de personajes jóvenes. De todas maneras, al final Rue acaba siendo la co-protagonista en todos los capítulos con la persona analizada.

El acierto de la incomodidad

La serie ya se ha convertido en un éxito mundial por muchos motivos. Una fotografía extremadamente bella y cuidada en la que ni un solo plano se ha dejado al azar. El uso de una estrella juvenil como Zendaya, que ya arrastraba a millones de seguidores. La creación de un estilismo completamente arriesgado, nuevo, carismático y a la vez, sobrio para el personaje de Jules y con un impresionante maquillaje para numerosas actrices. La elección de jóvenes en un cásting no apto para mediocres (modelos, deportistas profesionales, muy cuidadas elecciones de los personajes que interpretan a los más “alternativos”…).

Todo cuestiones técnicas y “de forma” que lo único que hacen es acompañar al verdadero contenido de la trama. Poner al espectador contra la pared, decirle “este puede ser tu hijo”, “por esto puede estar pasando tu amiga”, “esto es lo que hay en la calle”. Drogas y menudeo, acoso e indiferencia en las aulas, nuevas maneras de entender la sexualidad y abusos, malos tratos y machismo, prostitución y fetichismos, la masculinidad tóxica y una competitividad salvaje en la adolescencia, redes sociales y delitos…

Quizá todo el trabajo técnico supone la manera de hacer tragar todo este contenido salvaje al consumidor. Algo en lo que HBO es una experta, una plataforma que siempre busca el equilibrio entre la provocación y el consumo masivo (Juego de Tronos, Sexo en Nueva York… “No es porno, es HBO”, rezaba una de sus campañas).

Lejos de la perfección

Pese a que el producto cuente con una innegable calidad, la serie se aleja de temas muy cercanos a la juventud en muchos aspectos. Niega una diversidad de orígenes culturales y se centra demasiado en tramas que parecen estrictamente ligados a la sociedad yanqui. Sucede así con el tipo de drogas que consume la protagonista, la trama del conflicto entre bandas rivales de tráfico de drogas, los manidos bailes de fin de curso y becas a los deportistas estudiantiles…

Aunque resulte muy aburrido y poco atractivo, en casi ningún momento la serie hace referencia al curso escolar, parece que el instituto solo es el lugar al que los jóvenes acuden para relacionarse teniendo sexo, ejerciendo la violencia, comprando droga u organizando fiestas. Tampoco falta nunca una escena rodeados de sus típicas taquillas.

Derribando muros con algodón

La mejor manera de ir derribando tabúes es aportándole a cada tema la naturalidad con la que se vive en su día a día y no poniéndolo en el centro de la tensión. Algo que consigue de manera sublime esta serie con el tema de la transexualidad. Hasta pasados ciertos capítulos el espectador no se da cuenta de que se le está planteando este tema en sus narices.

Además, la serie consigue respetar el tema desde la raíz, ya que la persona que interpreta este papel es transgénero. Un asunto que no resulta banal, ya que las personas transgénero tienen una tasa de paro en la sociedad occidental que ronda el 10%. La visibilidad y que esta sea tratada de una manera natural, como hace Euphoria a la perfección, son fundamentales para que se empiece a dar un cambio en la sociedad.

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