“Élite es droga”, así definía la crítica del diario ‘El País’ a la nueva producción española de Netflix. No se equivocan, Élite es un producto que se deja consumir de una manera muy fácil. Tras el visionado del primer capítulo ya me definí como “enganchado” y he conseguido enganchar a otros amigos.

Los elementos con los que cuenta esta serie para atraer a un público joven y no tan joven son múltiples. La primera es una trama que cuenta con muchos conflictos en los que cualquier persona se puede sentir identificada y tomar partido: hay lucha de clases, especulación inmobiliaria, conflictos culturales y familiares, una explosión hormonal que no se había visto hasta ahora en la ficción española (puede que en ‘Mentiras y gordas’, aunque ni eso) y a veces menos importante, hay un asesinato.

El segundo de los factores que enganchan es el ritmo trepidante de la trama. En una serie de ocho capítulos no hay tiempo que perder.

Una tercera baza importante para llevarse de calle al público joven es el “guaperío” de su reparto. En Élite no sale ningún personaje feo, ni siquiera “del montón. Seas de un barrio humilde, de la alta sociedad, adolescente o adulto, en Élite serás guapo y no tendrás ni un gramo de grasa. Además, los protagonistas lucirán palmito en una importante cantidad de escenas de sexo, desnudos y distintas formas de erotismo. Es posible que los directores de casting de la serie estén más interesados en formar hordas de carpeteros, que en crear un reflejo fiel de una juventud diversa… Tampoco se les puede culpar.

¿Pluralidad?
Yo en este aspecto lanzaría varios retos a los directores ¿Qué tal si para la siguiente temporada (ya confirmada por Netflix) tuviéramos personajes con sobrepeso, con discapacidad, negros, chinos, trans, pertenecientes a tribus urbanas, lesbianas y menos agraciados físicamente?

Pese a esta crítica, Élite no es una serie vacía. De hecho, en muchos aspectos resulta muy valiente. Se adentra en conflictos como el velo islámico o hijab en las aulas, la presencia (por desgracia, y abandono de políticas de prevención y ausencia de Educación Sexual) del VIH en la juventud, la diversidad sexual y cultural y las nuevas relaciones sexuales y amorosas. Además de otros aspectos como el siempre conflictivo descubrimiento de las drogas y el alcohol en la juventud, que también encuentra espacio en la serie.


Voy a ponerle también alguna pega a la trama. Hay problemas con la preparación de dos personajes:
1. El profe: ¡Cómo se nota que el colega no ha estudiado Pedagogía! Un profesor que parece no saber las repercusiones de sus actos en el ambiente escolar y, sobre todo, entre alumnado adolescente. Incluso parece que pretende provocar ciertos conflictos para diferenciar quién debe pertenecer a la élite y quién no. La preparación del personaje por parte de los guionistas suspende y con poca posibilidad de aprobar.
2. Lu: ¿Meter a una mala de telenovela es un intento de meterse al público latinoamericano en el bolsillo? ¡Pues vaya estereotipazo! Creo que la juventud y el público en general, sea español, latino o de Madagascar, espera (y merece) personajes reales y de calidad. Hay que esperarse al último capítulo para ver algo bueno de este personaje y de la actriz que lo interpreta. A ver si la cosa mejora en la segunda temporada.

Una larga estela de series juveniles
En cualquier caso, la serie consigue recoger el testigo de ‘Física o Química’ (que antes lo cogería de ‘Compañeros’ o ‘Al salir de clase’). Desde que terminara la serie de Antena 3, hasta ahora sólo ha habido intentos de volver a conectar con los adolescentes en España con el nacimiento de las nuevas cadenas. La Sexta apostó por un gran reparto en ‘SMS: Sin miedo a soñar’ y Cuatro apostó por nuevos actores y la danza con ‘HKM’. Telecinco también lo intentó con la serie veraniega ‘Un golpe de suerte’.

Mención especial a los intentos de conectar con la juventud (y una entrada propia dentro de poco) se merece Merlí. Una serie sobre adolescentes pensada por mentes muy maduras y que ha sido todo un fenómeno en Cataluña. Sin embargo, la encantadora naturalidad y sencillez de esta serie no ha calado en el público joven de todo el territorio español. Élite, en cambio, ya está triunfando en todo el mundo.

El género juvenil puede parecer banal, sin embargo yo considero fundamental y necesario que los jóvenes puedan verse representados en su ficción nacional y es también una forma de que los mayores puedan conocer de una forma indirecta cómo son sus hijos, sobrinos o nietos.

Élite refleja sólo una parte de esa pluralidad de la juventud. Una complejidad que mezclada con unos niveles hormonales por las nubes, la ambición de mantenerse o llegar a la flor y nata de la sociedad, la transición a la vida adulta y la adaptación a las redes sociales se convierte en un cóctel perfecto si se agita bien. Solo que este cóctel no es de los que se beben, es de los que explotan (por cierto, que hasta este cóctel funciona con un preservativo, a ver si toman nota algunos personajes de la serie). Precisamente de una explosión nace toda la trama. Tras un “accidente” en un instituto de un barrio obrero, la mayoría de los alumnos son reubicados en otros centros, pero tres de ellos son becados para estudiar en uno de los centros más elitistas del país. Si ves el primer capítulo acabarás esperando la segunda temporada.

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