Ava Gardner se instala en la capital de España para “trabajar”, cerrar algunos contratos y vivir una vida de desenfreno. La artista vive ajena al momento que pasa España en el que la dictadura de Franco somete a una etiqueta (in)moral a la población.
Una “moral” que la Gardner no tardará en pasarse por el arco del triunfo. Ella sabe que al régimen del dictador (aunque ahora algunos no lo llamen así) le interesa proyectar una imagen internacional moderna y abierta. Eso y sus múltiples e influyentes amistades harán que la actriz cuente con una libertad y unos privilegios que el resto de españolitos y españolitas de a pie ni siquiera son capaces de imaginar. Una Dolce Vita madrileña que “el animal más bello del mundo”, apodo con el que se bautizó artísticamente a Gardner, disfrutará durante varios años. Aunque Madrid no será su única estancia española.

La cosecha de Paco León

Hasta aquí una parte de la historia real. En la parte ficticia Paco León plantea una trama brillante y muy de la época en la que el régimen contará con espías infiltrados en el servicio doméstico de la actriz para informar a Falange de posibles reuniones con comunistas, homosexuales y demás “enemigos de la Patria”. ¬¬
Estos dos infiltrados resultan ser Manolo (Paco León, que se dirige a sí mismo en esta ficción) y Ana Mari (Inma Cuesta, muy bien en su papel). Mientras que Manolo sólo está de acompañante, es Ana Mari la que irá informando a su superiora en la sección femenina (Carmen Machi) sobre las idas y venidas de la Gardner.

Pese a su labor meramente informativa a su superiora, esta faceta va perdiendo peso en la serie, lo que para mí es un hecho intencionado para desviarse a tramas más de enredo y sin carga emocional.

Con el paso del tiempo, Ana Mari comienza a contagiarse casi sin darse cuenta de la libertad y libertinaje que desprende la señora. Íntegra católica, como buena miembro del partido, Ana Mari tratará por todos los medios de mantenerse fiel a una doctrina que reprime a la mujer, y también al hombre, pero bastante menos. Una demostración de cómo esta sólo se mantiene por la mentira, la fuerza y la imposibilidad de poder comparar con otros modelos de sociedad.
“Yo soy una mujer decente”, “¿Y yo no soy decente?”, “Sí, pero usted es americana”, “Americanos no decente”, llegan a intercambiar Ana Mari y Ava.

Una jet-set sin armonía

Como si de un “Aquí no hay quien viva” o un “La que se avecina” se tratase, en Arde Madrid encontramos a la crème de la crème de personajes importantes que invadían Madrid en la época. Recuerdo una vez que un amigo capitalino me dijo “si es que Madrid no es de los madrileños, Madrid es de todo el mundo”, y es exactamente lo que se refleja en esta ficción. Personajes madrileños, de otras partes de España y del mundo se encuentran para hacer de la capital su burbuja de lujo, desenfreno, libertad o remanso de paz. Así encontramos a una basta extensión de cameos de actores y actrices que representan por ejemplo a las nacionales Carmen Sevilla, Lola Flores y su añorado Pescaílla. Por la parte más internacional encontramos a Juan e Isabelita Perón.

El retrato de los Perón no pasa de ser una burda parodia de unos personajes muy relevantes que seguramente no hubieran encajado en la comedia sin este rol tan ridículo que la Historia (con mayúscula) se encarga de tumbar, al margen de que resulten personajes más o menos deseables. Los Perón se ven transformados aquí en unos Recio (LQSA) que comparten bloque con la Gardner y están hasta el moño de sus fiestecitas, sólo les falta robarle el felpudo.

Debi Mazar es Ava Gardner

Para mi gusto es brillante la elección de esta actriz como Ava Gardner por su impresionante parecido físico. Además, Mazar consigue aportar al personaje el aire de diva exacto que León quiere para ella. Siguiendo en el aspecto estrictamente físico, me resulta increíble que Mazar tenga 54 años, en la serie yo le hubiera puesto incluso casi 20 menos ¿milagros del maquillaje? ¿del Photoshop? ¿del blanco y negro? ¿de su propia naturaleza?

Por otra parte, debo reconocer que en un principio no reconocí a esta “joven” actriz y no supe identificar que había estado viéndola en muchas películas de mi infancia como Beethoven 2 (la del perro) y Batman Forever.

Dónde pincha Arde Madrid

Pese a un planteamiento impecable, es una serie que queda muy lejos de la provocación, frescura y gracia que vimos en las “Carminas” y en el Kiki de Paco León. Siendo una serie histórica, la historia sólo supone unas pinceladas en la ficción, un filón que se queda por explotar. Pese a que todo gira en torno a la figura de Ava Gardner, esta también pasa a ser un brochazo gordo secundario y sin gracia y la trama no se adentra en la figura de la artista o de la persona. Ni siquiera analiza algún amorío de la americana, sólo se le representa como una alcohólica sedienta de sexo y mala profesional. Aunque también tuviera esta faceta, no digo yo que no, también se ha demostrado que se ilusionó más allá de lo sexual por distintos españoles, una pena que todo se quede en la caricatura.

En muy contadas ocasiones podemos ver exteriores cuidados para representar la época. A pesar de llevar el nombre de Madrid por bandera, pocas veces vemos Madrid.

Muchos de los personajes cuentan con una actitud muy difícil de entender en aquella época, empezando por el propio Paco León. ¿Más pinchazos? Pues sigo, los personajes de Ana Mari y Pilar, la otra encargada del servicio doméstico, son los únicos que despiertan un poco de empatía y a los que de verdad acaba importando al espectador qué les pueda pasar en toda la ficción. La fingida profundidad de varios de sus personajes se mete a mamporrazos (como el sentido adiós a Hemmingway de la actriz o los problemas personales de su secretario).

Chispas que no llegan a arder

Por plantear un escenario positivo, Arde Madrid consigue una cuidada fotografía en blanco y negro y en alguna ocasión contada hace sonreír al espectador. Cuenta con unos cameos muy apropiados y bien gestionados. Roza la perspectiva de la pluralidad sexual y también de las enfermedades mentales en épocas de represión, todo un acierto. Además, creo que se hace un retrato amable de los personajes de etnia gitana y, excepto a los matones, se les dota de una humanidad de la que son despojados en otras series en favor del estereotipo.

En definitiva, Arde Madrid no se puede llegar a calificar de mala, pero no pasa de ser una ficción entretenidilla y amable que nos han vendido como el acabose de la provocación. Para mi gusto, arde Madrid… y el espectador se queda algo frío.

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