El líder de una banda de motoristas satánicos es asesinado por una banda rival mientras se encontraba invocando a un demonio. Su espíritu es transmitido a su moto, convirtiéndose así en una moto vampiro cuyo combustible es la sangre. Su nuevo dueño y un cura motero tendrán que exorcizar al maléfico vehículo.

Rodada con pocas pretensiones y aún menos dinero, Yo compré una moto vampiro es una película tan tonta como su propio título sugiere. Mala hasta reventar, como no podía ser de otra forma, pero con la suerte de contar con un humor garrulo tan tontorrón que funciona. En principio el concepto de una moto asesina no es demasiado atractivo, ya se han hecho muchas películas sobre vehículos vivientes (casi todas muy flojas), pero la cosa cambia cuando se trata de una moto vampirizada, en el más clásico sentido de la palabra. Ver a una endemoniada Norton Commando esconderse del sol, huir de crucifijos y ajos (también de un policía con mal aliento) y succionar la sangre de una enfermera con dos tubos es todo un hallazgo. Por si fuera poco, el vehículo va evolucionando a lo largo de la historia, desarrollando pinchos y toda clase de gadgets maliciosos que brindarán buenos momentos de sangre y alegría para toda la familia.

El surrealista humor inglés, y el no tan inglés, está espolvoreado a lo largo de todo el metraje en forma de gags de más o menos gracia, y se convierten en un elemento indispensable para que la película llegue a buen puerto. Inolvidable resulta la escena en la que el protagonista es atacado por un zurullo con ojos que le pregunta insistentemente “¿cómo estás?”. Al final resulta ser un inserto escudado en la vil artimaña de que se trata de un (doble) sueño, pero es tan brillante que se perdona la sucia trampa.

La cinta resulta bastante divertida para sus insuficientes medios de producción, poco más que una moto tuneada sujeta con algún taburete para que no se caiga y algo de gore chatarrero. Más que por el presupuesto sale perjudicada por una duración demasiado alargada. Más de 100 minutos resulta excesivo para una película como esta, y más hubiera valido una duración menor y un ritmo algo más acelerado, que a fin de cuentas es lo que exige una comedia.

No hay mucho más que rascar de esta producción que, siendo casi amateur, supo conquistar una buena cantidad de videoclubs de barrio.

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