Seh-hee y Ji-woo forman una pareja muy enamorada. Llevan juntos dos años, pero, a causa del lento discurrir del tiempo, Seh-hee empieza a sentirse ansiosa y preocupada, temerosa de que Ji-woo pudiera cansarse de ella. Por eso se pone histérica cada vez que ve a Ji-woo prestando la más pequeña atención a otras mujeres. Seh-hee desaparece. Ji-woo no logra encontrarla y su teléfono móvil siempre está apagado. Mientras Ji-woo sufre por la desaparición de Seh-hee, ella acude en secreto a un cirujano plástico y, aunque el médico intenta disuadirla diciéndole que es hermosa tal como es, Seh-hee cambia su imagen por completo.

Puede que esta no sea la mejor película de su director, pero es un film más que necesario en esta descabellada época en la que la gente acude a las clínicas de cirugía “estética” (y lo ponemos entre comillas porque la mayoría de la gente sale de estos sitios más fea y deforme que cuando entró) como quien va a la peluquería, llegando incluso a pedir préstamos a los usureros telefónicos para ponerse tetas o morros. Ahora estas prácticas de auto-atentado están bien vistas y promocionadas por la progresía pija, que las llama “cuidarse”. Incluso algunos padres regalan operaciones a sus retoños adolescentes, en lugar de libros que vendrían muy bien tanto a los progenitores como a la prole.

Las causas de este fenómeno consumista son básicamente las mismas que las de cualquier otro fenómeno consumista (y todos caemos en alguno), tratar de rellenar nuestros vacíos afectivos, psicológicos o espirituales con adquisiciones físicas, ya sea el casco original de Darth Vader, un yate, un anillo de diamantes, un donut o un pellejo sin arrugas. La protagonista de Time es una chica preciosa con un novio que la quiere, y que incluso aguanta pacientemente sus exageradas paranoias respecto a su propio aspecto, todo porque ya no comparten los fuegos artificiales de endorfinas típicos del principio de una relación. Así pues se embarca en un absurdo acto de autodestrucción para recuperar ese tiempo intenso y feliz que mucha gente de hoy en día pretende que dure para siempre, comiendo perdices y todo lo demás. Claro que esta misma gente quiere a su vez una relación estable y duradera, lo cual crea todo tipo de decepciones y rencores al descubrir que no se puede tener todo en esta vida.

Time trata sobre estas conductas peligrosamente ingenuas recurriendo a estructuras narrativas circulares, eternos retornos a los que están destinadas este tipo de personas que caen una y otra vez en los mismos momentos felices, pero también en las mismas broncas, pataletas y depresiones. Por esto mismo la película se construye sobre escenas repetitivas que hacen el visionado algo menos interesante que otros films recientes suyos como Hierro 3 o El Arco, claro que el poderoso hálito poético de Kim Ki-duk sigue deslumbrando con imágenes tan bellas como simbólicas donde las palabras no son el elemento principal de la narración (aunque esta es una película más “hablada” de lo acostumbrado) y la lógica realista puede ser doblegada por el director, siempre sin caer en la extravagancia gratuita.

Hay que resaltar que, pese a lo tremendo del argumento y la melancolía de muchas de sus imágenes, Time no está exenta de un inesperado humor que se suele desarrollar en la misma cafetería a la que los personajes vuelve constantemente, como hacen con las otras escasas localizaciones que conforman esta obra discutible en su calidad, pero indudablemente interesante. Incluso necesaria.

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