Tras recibir la carta de una madre desesperada por la desaparición de su hija, el policía Edward Malus (Nicholas Cage) se dirigirá a una remota isla de la costa de Washington para intentar dar con ella. Los lugareños pondrán en duda su desaparición e incluso su existencia pero lo que más intrigará a Malus será el misterioso sistema de creencias que rige la isla, un férreo matriarcado que preside con mano firme la hermana Summersisle (Ellen Burstyn).

Como siempre, la pregunta principal es por qué se ha hecho este remake. La respuesta es la de siempre, la muchachada contemporánea no conoce nada anterior a Matrix ni nada que no sea cine norteamericano. Se puede ir más allá, y comentar que mucha de la cinefilia no tiene conocimiento de aquel mini-clásico de los 70, así que no puedo evitar una sonrisa maligna al imaginar a más de un lumbrera despistado bajándose urgentemente el film original para compararlo con la versión de LaBute. Y mejor no me pongo a hablar de Infernal Affairs.

Me empieza a hartar eso de comentar remakes, especialmente este tipo de recalentados innecesarios e inferiores. Ya decía hace unos días en las crónicas de Sitges que no deberíamos hacernos eco de este tipo de estrenos, pero bueno…

La novedad de esta “reimaginación” está en que la acción transcurre en América (la historia original se sustentaba en extravagancias antropológicas del paganismo británico más atávico, con lo cual el fracaso del remake es inmediato desde su concepción) y la transformación de la libertina localidad en un matriarcado-colmena (o un pueblo de irritantes tortilleras radicales), con una abeja-reina interpretada por una sobreactuada Ellen Burstyn muy parecida a la chamán Ramtha enfrentada a un Nic Cage muy agobiado pero poco definido. El papel de la velluda estrella no es en esta ocasión la del cristiano integrista del film original, sino un zángano por el que tenemos simpatía y cuyo sacrificio no crea otro sentimiento que el de rechazo por las zorras manipuladoras que juegan con él, con lo cual el objetivo final de LaBute no es otro que el de la misoginia.

La inquietud y la extrañeza residente en las imágenes película de Robin Hardy, que al final resultaban lo más interesante, se intentan recrear a base de personajes raros y alguna extravagancia interpretativa, pero el señor LaBute fracasa y lo único que logra es un amago de Twin Peaks con superpoblación de ovarios. Y la semana que viene, veremos como Scorsese triunfa reciclando una película rodada hace cuatro años.

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