Norman (Corey Feldman) ama a Alison (Erica Prior) sobre todas las cosas. Por esa razón, cuando ella le invita a la fiesta de cumpleaños de su padre, Norman acepta convencido de estar dando un decisivo paso hacia delante en la relación. Desde que Norman llega al hotel donde se celebra la fiesta, una sorpresa sucede a otra. Norman no puede evitar pensar en la repentina hostilidad que Alison y su familia le muestran a lo largo de la noche. En tan sólo dos horas Norman tendrá que tomar las decisiones más importantes de su vida. Algunas tendrán que ver con Alison y su extraña familia y otras con asumir o eludir la responsabilidad de enfrentarse a una peligrosa secta que podría traer consigo el fin de la humanidad.

Ante todo hay que decir que The Birthday no es una película para todos. Su argumento es tan peculiar como su ritmo, y mucha gente calificará la película como caótica o lenta. Es una de esas cintas con las que uno conecta o no, como puede pasar con David Lynch, Wes Anderson, Medem o, por qué no, Manoel de Oliveira (aquí oigo el peculiar sonido de los cinéfilos afilando sus cuchillos).

Si se sintoniza con el espíritu de este tipo de películas tan personales, uno disfruta como un enano, pero si uno no entiende de qué carajo va el director, las reacciones pueden ir desde el aburrimiento extremo hasta las reacciones violentas. Eso sí, sea cual sea la reacción del espectador, lo que está claro es que ha visto algo que no ha visto anteriormente. Según mi humilde criterio, eso siempre es de agradecer en este panorama de remakes cinematográficos, políticos y vitales.

The Birthday es algo así como una comedia de enredos en tiempo real, con un toque de surrealismo inquietante que se va acentuando progresivamente hasta ir entrando en el terreno del terror lovecraftiano. Pero esto solo es una aproximación a la cantidad de géneros que se entremezclan en un film a todas luces inadherente a las etiquetas. Para explicarla se puede intentar convertirla en un cóctel, pero los ingredientes serían tan variados y dispares como John Hughes, Fulci, Argento, Berlanga, Gilliam o Spielberg con lo cual tampoco diría a nada a aquel que no lo ha probado.

La elegante y astuta labor de realización por parte del alicantino Eugenio Mira es fundamental a la hora de dotar al film de ese tono tan peculiar en el que humor e inquietud son la misma cosa, pero Corey Feldman es el pilar y espíritu de la película, apareciendo en cada uno de los (generalmente largos) planos de la película, llevándonos de la mano al igual que lleva ese vaso de plástico mientras los caprichos de un Destino especialmente juguetón le llevan a él. Sus tartamudeos, balbuceos y extrañas expresiones faciales nos devuelven al Feldman más marciano y carismático, y que me aspen si no le echaba de menos.

Además, al amante del cine de barrio con solera no se le escapará la presencia de Jack Taylor, protagonista guiri de un número inabarcable de cine de género español incluyendo esa cinta de culto titulada S.O.S Invasión. Comprobamos que, con los años, el señor Taylor ha ido ganando una presencia y una clase que no pasan desapercibidas en The Birthday, donde su papel es el gran contrapunto al de Feldman.

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