Ya lo dijo Guillermo del Toro y estoy muy de acuerdo, la primera de las películas de superhéroes siempre es “la que toca los cojones”. No importa cuán conocido sea el enmascarado de turno, la primera media hora, generalmente lentísima, nos la birla la obligada narración de su origen y conversión en héroe, ya sea el eterno asesinato de los padres de Bruce Wayne, la infancia campestre de Superman, el accidente de los 4 Fantásticos o, cómo no, la picadura de araña de Peter Parker.

Como gran seguidor del trepamuros, este último caso se me hace especialmente cansino. En los cómics habré leído no menos de cinco versiones distintas del origen del personaje, también recreado hasta la saciedad en la serie de animación de los 90, la cochambrosa película/serie de los 70 (las cosas que nos meten cuando somos críos) y la adaptación cinematográfica de Sam Raimi. Ahora se suma una nueva versión que llega en forma de reinicio, uno de estos borrones y cuenta nueva que tanto abundan últimamente, cuando los productores ya no saben cómo alargar una saga a la que aún le queda leche por dar. Inevitable no sentir un mínimo de recelo, a menos que tengas 10 años.

La idea de ver una vez más a Peter Parker sufriendo la picadura de marras y quedándose pegado a todo, mientras intenta hacerse con el control de sus nuevos poderes arácnidos, no podía darme más pereza. Pero un servidor es fácil de convencer y a base de recomendaciones, junto al hecho de que la trilogía de Raimi siempre me pareció un quiero y no puedo, me han hecho decidirme a darle una oportunidad, decisión precipitada por la inminente subida del IVA.

Vista y reposada, con escena post-créditos incluida (gracias al gorrioncillo que me dio el chivatazo), el sabor de boca que me ha dejado ha sido bastante bueno. Aunque está muy lejos de la madurez del Batman de Nolan y del épico festival de tollinas que es Los Vengadores, dos maneras muy distintas de llegar a la excelencia, The Amazing Spider-Man se las arregla para ofrecer una buena dosis de cine palomitero del bueno, un coto de caza que parecen haberse quedado los superhéroes en exclusiva desde que los reyes Midas de Hollywood, los señores Steven Spielberg y George Lucas, empezaron a acartonarse conforme iban peinando canas.

Curiosamente como adaptación The Amazing Spider-Man también está muy por encima de la trilogía ñoña y con trajes de Power Ranger que parió Raimi hace ya una década (demonios, cómo pasa el tiempo). Digo que es curioso porque la película se aleja bastante del cómic original a nivel argumental y sin embargo se las arregla para ser más fiel al personale, gracias a una visión más acertada de los temas que han convertido a Spidey en el personaje más popular de la factoría Marvel.

No hay esta vez demasiada obsesión por la responsabilidad y el compromiso del héroe, dos valores muy importantes dentro de la trayectoria del trepamuros pero que no son determinantes, por mucho que Sam Raimi se empeñara. No, el verdadero espíritu de Spiderman, lo que le hace conectar con distintas generaciones de fans, es que es simplemente la historia de un pardillo que consigue el poder necesario para marcar una línea en su vida y decir “mundo, aquí estoy yo”, un deseo compartido por todos a los que alguna vez (o muchas) la inseguridad nos ha impedido pedirle una cita a una chica o darle una buena lección al abusón de turno. Llamémoslo superpoderes o simplemente un empujón de confianza en nosotros mismos.

Andrew Garfield, con su aparente fragilidad, su cara de boquitierno y ese pelazo que da grima y envidia a partes iguales, es la perfecta encarnación de esta idea y una elección más apropiada que Tobey Maguire, un Peter Parker que en lugar de inseguro simplemente parecía bobo. Igual de convincente está la señorita Emma Stone, otra elección ideal para darle vida a la angelical Gwen Stacy, tan adorable que tuvo que morir en el cómic para que la vida del torturado hombre araña no fuera tan perfecta.

Más valiosa como inicio de una nueva trilogía que como película independiente, The Amazing Spider-Man sienta unos sólidos pilares para algo aún mejor que está por llegar, una vez que ya se ha saldado la deuda con la picadura de araña y las clases de costura. Con algo más de acción y un buen peluquero para Andrew Garfield yo volveré a pasar por taquilla con la misma alegría con la que leí mi primera aventura de Spiderman.

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