A la mierda Vengadores: Infinity War. El proyecto cinematográfico más ilusionante del año para los seguidores del fantástico es, sin duda, esta nueva secuela de Depredador que no solo recupera al Shane Black macarra tras su divisoria Iron Man 3 sino también al tan añorado como malogrado Fred Dekker (Una pandilla alucinante, también junto a Black, El terror llama a su puerta y, oh, Robocop 3) en calidad de co-guionista. Un tándem estelar, una franquicia muy querida y un presupuesto bastante holgado para dar rienda suelta a sus movidas, ¿qué podía salir mal?

Pues varias cosas, por desgracia. Un desarrollo complicado, algunas decisiones discutibles y un final improvisado, motivado por la negativa de Arnold Schwarzenegger a firmar un glorioso cameo que habría cambiado mucho el sabor de boca que deja la película cuando aparecen los títulos de crédito, por ejemplo.

Pero no nos adelantemos. Tras un arranque poderoso, no tarda en quedar claro que The Predator no es un regreso a la acción muscular de la original. Y es que, si el Depredador de John McTiernan era un tebeo bélico con giro fantástico, esta tercera secuela (obviemos, por favor, las dos Alien vs Predator) se acerca más en ritmo y despliegue digital a un videojuego. No sé si cegado por el generoso presupuesto o porque Black ha vuelto un poco despistado después de su paso por Marvel, hay aquí bastantes más ingredientes propios de la popular factoría de superhéroes que de la primera cinta.

No se engañen por los chistes verdes (que vuelven, y de qué manera) o por la gozosa ultraviolencia, la película está dirigida principalmente al público adolescente. Hay batallas aéreas, explosiones grandilocuentes y abundan los momentos de alivio cómico durante las secuencias de acción. Esa patrón tan familiar y que tan bien le sigue funcionando a Marvel es el que marca el pulso durante todo el metraje.

Sin embargo, aquí la fórmula chirría más de la cuenta. El humor es algo que siempre ha estado presente en una saga que nunca se ha tomado demasiado en serio a sí misma. El problema es que, en lugar de usarse para amenizar los momentos de calma que preceden a la tempestad, en The Predator los chistes (algunos demasiado tontorrones) se usan de manera constante para rebajar una tensión que nunca llega a ser tal. Y, la verdad, bastante sositas son las escenas de acción como para quitarles aún más dramatismo.

A nivel argumental se intenta dar un nuevo giro de tuerca a la mitología de los depredadores. Hay algunas ideas francamente buenas en el libreto, pero quedan diluidas en un último tramo extrañamente caótico. Se intuyen problemas de producción en un montaje que presenta algunos saltos de continuidad realmente desconcertantes. Sin entrar en detalles, en cierto momento sucede algo muy dramático que debería obligar al protagonista a salir corriendo para actuar rápido, pero entonces le viene un retortijón y se introduce una elipsis hasta que sale del retrete. Cierto es que en algún momento tenía que ir a cagar por exigencias del guion (en serio), pero resulta muy sospechoso que se resuelva de forma tan anticlimática. Si eso no es un reshot para echar tierra sobre algún tijeretazo yo soy Elvis Presley.

Se trata del más descarado, pero no es el único momento donde se intuye que la película ha sufrido algunos recortes de última hora. No sé qué ha pasado ahí exactamente, pero desde el Alien 3 de Fincher no veía de forma tan clara la necesidad de editar una versión director’s cut que, espero, se haga realidad cuando la película salga a la venta en formato doméstico.

The Predator es frustrante y problemática. Ni siquiera hace falta ser un fan demasiado quisquilloso para salir de la sala con una rara sensación de desconcierto. Y, a pesar de todo, me cuesta verla como un desastre absoluto. Es divertida, vistosa y está llena de momentos ocurrentes. Incluso los personajes, un puñado de tipos disfuncionales y un niño-genio con trastorno autista, son un acierto. Las piezas están ahí, pero no terminan de encajar.

Correcta como cinta de acción y decepcionante como secuela, The Predator sirve para poner en valor la muy reivindicable Predators, mucho menos pretenciosa pero con un tono más acertado. Lo verdaderamente trágico es que, si la franquicia sigue por los derroteros que parece sugerir el final, lo peor aún está por llegar…

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