Un antropólogo inglés encuentra en un glaciar el cuerpo fosilizado de un humanoide que podría ser el eslabón perdido. Cuando la pieza es cargada en un vagón del Transiberiano para ser llevada a Inglaterra, una serie de extraños asesinatos siembran el pánico en el ferrocarril. Cualquiera puede ser el culpable…

Durante el ocaso de la Hammer Films, muchos de sus actores protagonistas tuvieron que buscar un mercado alternativo para ganarse los garbanzos. El destino más claro era España, donde acababa de estallar el gran boom del fantaterror y, en principio, pretendía convertirse en el relevo de la factoría británica (aunque luego la cosa se saliera de madre). Bajo este contexto nació Pánico en el Transiberiano, sin duda una de las mejores películas de terror que ha dado la tierra de Cervantes y, por derecho propio, una de las más célebres dentro y fuera de nuestras fronteras.

En primer lugar, Pánico en el Transiberiano se distingue de la mayoría de las producciones patrias del momento por su buena factura técnica. Exceptuando algunas escenas de la criatura, que caen inevitablemente en el efecto “osito de peluche”, el acabado está muy por encima de la media y se puede equiparar perfectamente a los mejores momentos de la Hammer. Influye en ello, evidentemente, la presencia de los dos pesos pesados del terror británico: Christopher Lee y Peter Cushing, ambos en estado de gracia. Incluso se permiten algún que otro chiste bien integrado en el guión, con agradecido resultado. Además están los habituales desfases de la época (la escena en la que hacen un pase de diapositivas al microscopio con lo que han visto los ojos del bicho desde que llegó a la Tierra en la prehistoria no tiene precio, a ver qué microscopio electrónico de hoy en día hace eso).

La historia también es realmente buena. A medio caballo entre Lovecraft y la ciencia ficción de terror al estilo de La Cosa de Carpenter, conjuga admirablemente clasicismo y originalidad. Y ojo, que además está bien contada, y conseguir que te creas algunos de los disparates que propone ya es mucho mérito. La trama de “quién es quién” no consigue hacerse pesada, aunque hoy esté mas vista que el tebeo, y los inverosímiles giros argumentales consiguen que el interés vaya creciendo por momentos.

Título ejemplar de la factoría patria y de obligada visión. No hay excusas que valgan.

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