overlordHoras antes del desembarco de Normandía, un pelotón norteamericano se infiltra en una aldea tras las líneas enemigas para derribar una torre que impide el despliegue de apoyo aéreo. La misión se complica para los soldados cuando descubren que los nazis están llevando a cabo unos experimentos inhumanos con los vecinos de la zona. Inhumanos incluso para los estándares nazis, se entiende, porque los tíos no inventaban nada ni tan siquiera regular.

La recurrida fascinación del Tercer Reich por el ocultismo sirve una vez más para darle sabor a una película que bebe tanto de cintas bélicas con giro de tuerca fantástico (véanse Depredador o Deathwatch) como de la franquicia de videojuegos Wolfenstein. Un primer acercamiento puede sugerir que Overlord intenta hacer algo parecido a Zombis Nazis, pero se trata de un animal muy distinto. Y es que, aunque película de Julius Avery no le da la espalda al humor ni se toma demasiado en serio a sí misma, sí consigue dosificar las coñas marineras lo suficiente para mantener la credibilidad y no caer en la bufonada fácil.

Overlord es uno de esos extraños casos en los que un proyecto de serie B encuentra una financiación potente. En algún momento consiguieron engañar a J. J. Abrams para que pusiera casi 40 millones de dólares sobre la mesa, un presupuesto impensable para lo que esencialmente es una película sobre vampiros zombies nazis. Y el resultado es de lo más satisfactorio. En lugar de estar condenada a formar parte de esas “frikadas cutres para reírse con los colegas”, antaño relegadas a los circuitos de videoclubs y ahora a las plataformas de streaming, Overlord ha resultado una estimable cinta de acción con muy buena factura técnica.

Es el resultado de una feliz combinación de factores. El generoso y muy bien empleado presupuesto es uno de ellos, como también lo es un reparto muy solvente, pero sobre todo el buen oficio demostrado por el casi debutante director Julius Avery al dar vida de forma trepidante a una historia sencilla, desprejuiciada y efectiva. Con 40 millones en el bolsillo habría sido fácil perder el norte, pero Overlord mantiene los pies en la tierra y no pierde de vista su objetivo de ofrecer un divertidísimo cómic en la mejor tradición de las misiones suicidas.

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Otro indudable acierto es el uso de efectos especiales prácticos. La animación digital está presente, pero como complemento del maquillaje y las prótesis de toda la vida. Esto, además de darle un agradecido encanto artesano, permite a la cinta ofrecer las necesarias dosis de impacto y mantener un halo amenazante alrededor de las criaturas enemigas que se iría al cuerno si se vieran reducidas a monstruitos de videojuego. Al Soy leyenda de Will Smith y a Guerra Mundial Z me remito. También ayuda que el libreto mantenga hasta el final el misterio sobre esos seres, sin llegar a dejar claro qué son exactamente, algo que irritará a esos espectadores que necesitan tener la respuesta a todas las preguntas pero que agradecerán aquellos que prefieren dejarse llevar por el ritmo.

Overlord es un entretenimiento gozoso que ha tenido la suerte de disfrutar de suficientes recursos para llevar a buen puerto una irresistible combinación de cine bélico, acción y terror. Consigue exprimir lo mejor de los tres géneros de manera muy equilibrada y, aunque le pesa un tramo central algo lento, lo compensa con un clímax tremendo. Una de las sorpresas más agradables del año para los seguidores del cine fantástico.

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