Tras mi fallida quiniela para los Goya, en la que vaticiné que El reino sería la triunfadora, no aprendo y ahora me meto con los Oscar. Si Campeones estaba en una posición más o menos igualada con El reino en la previa de la gala española, en Estados Unidos todo el mundo se rinde ante Roma. Pues siento decir que para mí Roma no es merecedora de ser la triunfadora de la próxima noche del domingo 24.

La película de Alfonso Cuarón intenta crear poesía cinematográfica a través de una cuidadísima fotografía, unas escenas con travellings y movimientos de cámara dignos (ellos sí) de un Oscar y la participación de cientos de extras en algunas ocasiones. Rasgos que dotan a la película de un aire de superproducción que Cuarón usa para hacernos llegar una historia común de personas que la Historia ha olvidado.

Roma no es la película del año (en mi opinión)

Netflix ha dado alas a Cuarón para la realización de un proyecto tan arriesgado como personal que está arrasando en todo el mundo. Roma (la película) la amas o la odias, y la crítica se rinde ante esta producción que sacrifica el entretenimiento para hacer llegar un importante mensaje final. Una producción que si no fuera por la música o los efectos de sonido, podría pasar perfectamente por cine mudo en muchos momentos. Cuarón reta la paciencia del público durante dos horas de película en las que la acción que transcurre se centra en el día a día y casi evita cualquier intención de crear una emoción en el espectador.

La historia de Cleo

Cleo es una empleada del hogar en la Colonia Roma, un barrio de clase media de la Ciudad de México, durante los años 70. Una época en la que la agitación política se hacía patente en una sociedad muy diversa. Dentro de esta diversidad encontramos a los mixtecos, un pueblo indígena mexicano con una cultura y una lengua propia. Las pocas veces en las que Cleo se expresa o dialoga más relajadamente durante la película lo hace en su lengua madre. Pese a que habla perfectamente castellano, parece que se crea una barrera del idioma en el aspecto de la socialización del personaje. Su personalidad, situación económica, y de sumisión como mujer al hombre y a lo que ordene la familia para la que trabaja hacen que Cleo se convierta en una protagonista invisible de su propia historia.

El gran mensaje de Roma

Convertir a Cleo en esa protagonista de su propia historia y de la historia de toda la familia es el gran premio con el que Cuarón homenajea a las mujeres del servicio que se dedicaron a su infancia y al bienestar de su familia. Si algo puede hacer de Roma una gran película son esos diez o quince minutos finales en los que Cuarón nos enseña que hasta la persona más insignificante y con menor peso en la historia de la humanidad es terriblemente necesaria, merecedora de respeto, portadora de dignidad y debe ser obligatoriamente dotada de derechos y libertades.

En blanco y negro

Tras éxitos en los Oscar como Buenas noches y buena suerte o The Artist, el blanco y negro vuelve a ser protagonista. Un recurso que nos hace revivir la estética de las películas antiguas e introducirnos en la atmósfera de otra época. Sin embargo, Cuarón parece utilizarlo más como un elemento simbólico. La trama está situada en los años 70, años en los que el cine a color ya era una realidad asentada y podíamos ver películas con impresionantes efectos especiales como Alien o estéticamente llamativas y coloridas como La naranja mecánica. En este caso, el blanco y negro puede deberse a la memoria de Cuarón si el televisor de su casa aún no era a color. Puede deberse también a que el director quisiera aplicar un filtro en el que disimular colores más llamativos para los entornos reales en los que se rodó la película o simplemente podría tratarse de un recurso estético para ensalzar la fotografía de la película.

Roma y otras cosas

Hay muchos factores que parecen jugar a favor de Roma que se alejan de lo estrictamente cinematográfico. Muchas voces hablan de que Netflix ha realizado una campaña encubierta para que sus productos originales (y que, por tanto, no han pasado por las salas de cine ni las televisiones en abierto) sean considerados sinónimo de calidad. Al parecer, el emporio Disney que incluye Star Wars, Marvel, Fox y un sinfín de marcas más estaría preparado para amenazar a través de una plataforma de streaming bajo demanda el terreno que Netflix ha cosechado en pocos años como proveedor mundial de cultura audiovisual. Es por esto que Netflix habría “comprado” a la Academia para una promoción de dimensiones no conocidas hasta ahora. La última vez que enuncié una teoría de la conspiración no me salió muy bien el tiro, así que estas ideas siempre hay que cogerlas con pinzas.

Otro de los rumores es que Hollywood, conocido bastión del Partido Demócrata estadounidense, podría utilizar Roma como bandera contra las políticas migratorias de Trump. De hecho estas políticas resultan tan extremistas y ridículas que casi impiden a uno de los actores del film acudir a la gala. Además, existe otra cinta nominada que supone un palo mayor al discurso del presidente Trump (ver Infiltrado en el KKKlan). Afortunadamente todo ha quedado en una anécdota de una edición de los Oscar que no sale de una polémica cuando ya está metida en la siguiente.

Y centrándonos en lo exclusivamente cinematográfico, considero que esta película no reúne los requisitos para ser considerada a nivel mundial la mejor película de 2018. El gran mensaje final no justifica la infumable producción que desarrolla dos horas de una trama que poco dista de ser mero “ambiente”. Durante todo este tiempo la trama se difumina como una nube en el cielo de Roma (México), lugar donde empieza y acaba la película.

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