La reina Ana Estuardo tuvo 17 embarazos. De los cuales solo cuatro o cinco (según historiadores) llegaron a término y los bebés nacieron con vida. Sin embargo, el más longevo sólo pudo vivir durante 11 años. La desgracia acompañó a la primera monarca de Gran Bretaña durante toda su vida, provocada principalmente por sus problemas de salud. Pese a que el personaje y gran parte de la historia son reales, el director de La favorita, Yorgos Lanthimos, ha defendido no querer ceñirse a la realidad del personaje. Su historia se centra en un triángulo amoroso de la reina con otros dos personajes reales, su consejera Sarah Churchill (Lady Sarah) y la antigua aristócrata Abigail Masham. Los historiadores rebelan que, a través de las cartas de Ana Estuardo a Lady Sarah, se podría atribuir una atracción afectivo-sexual entre ellas. Los hechos históricos nos rebelan que la reina acabó sustituyendo a Lady Sarah por la ex aristócrata venida a menos Abigail. Hasta aquí la realidad.

No sería extraño que la visión del director centrando toda la historia de este hecho en un triángulo amoroso corrompido por la ambición y el poder resultara ser bastante acorde con los hechos.

Mujeres al poder

Lady Sarah toma las riendas del país ante los problemas de salud de la reina. Unos problemas que le hacen perder la compostura en ocasiones, lo que Sarah aprovecha para saciar sus ansias de poder en la Corte. La guerra con Francia se cuela en un entramado político que en última instancia debe contar con el beneplácito de la reina. Tras sentirse engañada al haber delegado en Lady Sarah, Ana Estuardo se apoya cada vez más en su nueva sirvienta Abigail, con lo que acabará habiendo un equilibrio y en cierto modo traspaso de poderes. Unos poderes que intentan desempeñar los políticos divididos en dos partidos.

Trío de reinas y un sólo hombre digno

Olivia Coleman (Ana Estuardo), Rachel Weisz (Lady Sarah) y Emma Stone (Lady Abigail) se reparten el protagonismo de la película a través de sus brillantes actuaciones. Unas actuaciones que van acordes al papel protagonista que el director le otorga al mundo femenino.

Nicholas Hoult da vida al personaje masculino más digno de la película (por no decir el único), Robert Harley, el líder de la oposición que desea acabar con la guerra por su alto coste económico y en vida. El actor también defiende con maestría un papel en el que a través de un personaje asexuado y su graciosa interpretación consigue rascar algo de protagonismo en la película. El resto de hombres son caracterizados como elementos completamente secundarios y estériles. Ni siquiera los maridos de Sarah (carente de cualquier sex appeal) o Abigail (un más que apuesto y sexualmente activo mancebo) son objetos de deseo o interés afectivo, sexual, personal o intelectual por sus mujeres.

No es la favorita

Esta especie de juego de tronos lésbico tiene muy difícil hacerse con el Oscar a Mejor Película. La competencia es feroz y la producción sólo supone una correcta versión de unas intrigas palaciegas de época. Salvo el papel protagonista abrumador de la mujer y el componente lésbico en una época completamente tabú para ese colectivo, la historia no nos descubre nada nuevo. Sin embargo, resulta una película necesaria para empezar a poner a la mujer en el centro de las tramas y dar visibilidad a las mujeres lesbianas. Tras el potente resurgir del movimiento feminista, supone una película acorde a su época y contexto histórico. Un contexto que ya querrían haber disfrutado en la época de los Estuardo.

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