En un principio me sorprendió que una comedia de este estilo estuviera nominada a Mejor Película en los Oscar. Después le di una oportunidad y empecé a verla. Mis peores presagios se confirmaron cuando vi que toda la película se basa en una bazofia de argumento. Un aspirante a policía se convierte en el primer agente negro del departamento de policía de Colorado Springs en los años 70. Tras reclamar un puesto mejor, lo ascienden directamente a detective y su primera hazaña es que da su nombre real al iniciar una tentativa de infiltrarse en el Ku Klux Klan. Algo que no se le ocurre ni al más imbécil de los mortales. Y atención porque aquí viene una de las mayores idioteces soportadas por el cine considerado serio. Resulta que como el detective no puede pasar a la acción presencial por una cuestión tan obvia como su color de piel, en su lugar manda a un compañero blanco. Sin embargo, el detective negro sigue siendo el que contacta con el klan por teléfono, porque claro “la voz que conocen por teléfono es la suya. Con lo cual ahora es el negro el que se hace pasar por el blanco y viceversa. ¿Sólo me parece a mí una locura basar una película en este pretexto? Un completo sinsentido que no tiene ni pies ni cabeza… y que contra todo pronóstico acaba dando origen a una buena película.

Toques de atención

Cuando todo apunta a que el bodrio intrascendente que estás viendo sólo te puede sorprender para peor, resulta que cada personaje (los que no pertenecen al klan ni empatizan con ellos) deja caer una frase brillante que hace que te sientas identificado o que te replantees tu manera de pensar. Proponer un nuevo razonamiento o una situación que te genere un conflicto en tu forma de ver las cosas es algo que muy pocos consiguen. El director Spike Lee consigue crear esa empatía en el espectador y captar su atención de una manera que todo cineasta, político o intelectual desearía. Al final, por mucho que sigas viendo cómo el detective negro contacta con los del cucurucho por teléfono y el blanco se juega el tipo haciéndose pasar ambos por la misma persona, acabas perdonando la insensatez.

Esto me suena…

Tras convertirse en una denuncia contra uno de los episodios sociales más “negros” de América y en una crítica a parte del cuerpo de policía, la película consigue equiparar tanto la historia a la realidad que da miedo. Y da miedo porque ves cómo unas historias de salvajismo en una ficción vuelven para transformarse en una pesadilla muy real casi 50 años después. Esto sí que es hacer cine de terror.

El “cómico” David Duke

El personaje de David Duke es tratado de una manera muy ridícula en esta comedia. Spike Lee obvia el carácter extremadamente peligroso de uno de los líderes históricos del Ku Klux Klan y lo convierte en un personaje tremendamente limitado. Nada más lejos de la realidad. El peligroso grupo supremacista de la raza blanca ha conseguido que su discurso vuelva a calar en la sociedad estadounidense y se corre el riesgo de que esta derivación del fascismo pueda globalizarse. Sin ir más lejos, Duke apoyó a Trump en la campaña electoral. Un apoyo que volvió a repetir a Jair Bolsonaro en Brasil. Tras estos dos triunfos, el antiguo líder de los violentos felicitó a Vox por su resultado en Andalucía. ¿Casualidad?

La lucha sigue

El final de la película la convierte en una obra maestra. Una pieza de obligado visionado para todo aquel que se considere demócrata (y no me refiero a seguidor del partido político estadounidense). Una reivindicación de la igualdad entre todos los individuos que hoy en día se ve gravemente amenazada en distintas partes del mundo. Que la Academia acabe nombrando a esta película la mejor del año supondría un acto de valentía y compromiso social. No estoy nada convencido de que esto pueda suceder, pero sin duda sería un acierto. La película llegaría así a muchas más personas que podrían concienciarse de la batalla que hoy se libra por la igualdad en muchos lugares donde parecía afianzada.

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