Dos personas radicalmente opuestas se ven obligadas a convivir y, tras limar asperezas, ambas se irán contagiando la una a la otra lo mejor de su manera de ser ¡Por favor, otra vez no! Este rollo buenista ya nos lo hemos tragado mil veces. Pues nada, ante la falta de ideas de Hollywood nos encontramos con que esta puede convertirse en la mejor película del año para la mayor industria cinematográfica del universo conocido. Sinceramente, no creo que Green Book se lleve este premio, ya que pese a resultar una película amable (como tantas otras), no hay ninguna razón objetiva para que esta película destaque.

Quizá si por algo puede llamar la atención es por sus buenas actuaciones. Viggo Mortensen está soberbio como siempre, lo cual tampoco sorprende a nadie. Mahershala Ali, menos mediático, ya ha ganado un Oscar por Moonlight, con lo que su reputación se afianza en esta interpretación.

El Green Book

Al parecer nos encontramos ante una historia real en la que los protagonistas deben cruzar Estados Unidos en coche en el año 1962. Tony Lip (o Tony Vallelonga) es un buscavidas de origen italoamericano que, tras venirse abajo su último empleo, acepta ser el atareado chófer del “Doctor” Don Shirley, un afamado pianista negro. Shirley es invitado a actuar por toda la geografía sureña de Estados Unidos sabiendo que, incluso siendo admirado por quienes le contratan, se enfrentará en muchas ocasiones al racismo de la sociedad.

Para pasar las noches de su largo viaje Shirley se ayudará del Green Book o libro verde, una guía de los establecimientos que aceptaban a la gente negra de la época. La temática LGTB también aparece en un momento de la película y que sin embargo, impregna casi todo el drama que el personaje principal lleva a sus espaldas. De hecho, años después también se editarían guías de este estilo para la comunidad gay.

Paseando a Miss Daisy, 2018

Cuando ataco a la película aludiendo a su falta de originalidad se me viene a la cabeza especialmente la película de 1989 Paseando a Miss Daisy. En ella, una mujer judía y su chófer negro compartirán el coche como espacio para que nazca la complicidad entre dos personajes rechazados en muchas ocasiones por el segmento mayoritario de la sociedad. En un principio también mantienen prejuicios entre ellos. Green Book es como volver a contar esa historia cambiando a los personajes, el coche y la duración en el tiempo. Por cierto, el coche acaba convirtiéndose prácticamente en otro protagonista.

¿Y las mujeres?

Si en La Favorita destacaba la ausencia de hombres y el papel ridículo de estos salvo contada excepción, en Green Book pasa lo mismo solo que a la inversa. Tras haber visto la película y escribir el comentario un día después cuesta identificar a alguna mujer con frases además de la esposa de Tony o alguna de sus amigas. De hecho, quizá las frases de todas no lleguen al 1% de la película. Algo que es más propio de la época en la que está ambientada el film que del siglo XXI.

Un curioso caso

Si ya aluciné con la conversión de Bradley Cooper en brillante director y la de Lady Gaga en actriz dramática, no se puede menospreciar la metamorfosis de Peter Farrelly. El director de las comedias más banales de los 90 como Dos tontos muy tontos o Algo pasa con Mary cambia radicalmente de registro y, pese a la falta de originalidad, consigue una película dramática aceptable con inteligentes toques de humor. Otra sorpresa que nos han deparado estos Oscar, aunque seguramente la trascendencia de esta película no pase de la mera anécdota.

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