Nosotros

Adelaide Wilson vuelve a la casa de la playa donde vivió su infancia con la intención de pasar un verano agradable con su familia y, quizá, hacer las paces con un suceso traumático de su pasado. Tras un incómodo día de playa con unos conocidos bastante pedorros comienza a hacerse evidente que las vacaciones no van a ser fáciles, pero no puede ni imaginarse la que le espera cuando cuatro figuras misteriosas se plantan delante de su puerta…

Después de petarlo con la exitosa Déjame salir, Jordan Peele repite la fórmula del terror psicológico de tebeo como vehículos para plantear algunas reflexiones raciales. Aunque Nosotros no realiza un discurso tan evidente sobre ese tipo de racismo subyacente en la sociedad, quizá menos explícito pero no por ello menos tenso para los que lo sufren, las intenciones son similares. Y también el resultado.

Sin embargo, sin el efecto sorpresa del debut, Nosotros resulta una producción menos impactante, a pesar de que intenta compensarlo con unas pretensiones más ambiciosas. Peele es un director solvente y lleno de ideas que consigue un ritmo muy efectivo en todo momento, sin embargo la película pide a gritos una dosis extra de mala baba que se intuye, pero nunca llega. No consigue crear suficiente sensación de peligro y las dosis de humor, algo excesivas para una pretendida cinta de terror, acaban por lastrar aún más la tensión.

Tampoco como metáfora social termina de funcionar. El director y guionista se muestra un poco indeciso en cuanto al tono, que lo mismo se pasa de disperso que resulta insultantemente evidente. Se echa en falta una mayor elegancia expositiva, o por lo menos una visión más desacomplejada y “en toda la cara”, como sí hizo gala en Déjame salir.

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La reina de la función es, sin duda, Lupita Nyong’o. El doble papel de la extraordinaria actriz mexicana-keniana es la verdadera razón de ser de la película y un buen motivo para pagar el precio de la entrada. Capaz de enamorar o helar la sangre con una mirada, lleva sobre sus espaldas casi todo el peso de la interpretación, dejando escaso espacio de lucimiento para sus más limitados compañeros de reparto.

El obligatorio girito final, tan inevitable como previsible, es un buen resumen de lo que viene a ser la película: una propuesta interesante y muy lograda técnicamente, pero que se lo tiene tan creído que no se da cuenta de cuándo se le ve el cartón. Aún es pronto para decidir si Jordan Peele es un perro de un solo truco, pero los intentos de la complaciente industria del cine actual por encumbrarlo como un nuevo genio probablemente no sean la mejor manera de darle un empujón a un tipo con mucho potencial, pero también algunos deberes pendientes como narrador.

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