Frank es un hombre perturbado que vive en un piso de mala muerte rodeado de maniquíes y de fotografías de mujeres. Para él, el sexo femenino es una fuente de pecado e impureza. Sus asesinatos de chicas, a las cuales les corta la cabellera y se la coloca a un nuevo maniquí, son la exteriorización de sus traumas de la infancia. Conforme se le van amontonando las muñecas, Frank va cayendo más y más en la locura, hasta perder todol contacto con la realidad.

Detrás del típico argumento de psychokiller de la época se nos presenta esta interesante e insana película, con la sordidez de los escenarios y la brutalidad de los asesinatos como principales bazas. Buena parte de la culpa de lo primero recae sobre William Lusting, director nacido en El Bronx de Nueva York, quien supo dotar al film de una atmósfera muy perturbadora. El culpable de lo segundo es Tom Savini que vuelve a conseguir la máxima eficacia con el mínimo presupuesto en uno de sus trabajos más crudos y logrados. Como curiosidad, ambos tienen un pequeño papel en la película (especialmente la escena de Savini es todo un gozo para el aficionado).

Maniac se desmarca de las otras películas de similar temática de la época, alejándose de la habitual trama policíaca. El juicio moral sobre el asesino no existe y que se le detenga o no es intrascendente. Sólo existe un frío retrato psicológico del maníaco y sus acciones, siendo este el único protagonista de la historia. El personaje exterioriza sus traumas infantiles ejerciendo de ángel exterminador en nombre de la castidad (con sangrientos resultados) y, a pesar de no ser más que un esquizoide con reminiscencias de Psicosis, el resultado es convincente gracias a la buena interpretación del propio guionista, con un apropiado físico entre mundano y directamente repulsivo. Conforme va cayendo en el delirio, Frank se va haciendo más interesante y se revela como un individuo lastimoso e infantil, casi retrasado mental, que en lugar de provocar lástima en el espectador aumenta la repulsión. Como es de esperar, al final cae presa de sus propios demonios internos, en una escena onírica de gran intensidad que aún conserva su capacidad de impactar.

A todas luces Maniac es una película muy estimable, superior a la mayoría de los slashers americanos de la época y definitivamente mucho más perturbadora. A pesar de ello, quizá sea algo excesiva su celebrada fama de film de culto.

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