Dos días después aún no he conseguido decidir si Watchmen me ha gustado o no. Supongo que tan mal no estará cuando todavía no la he desterrado a ese lugar de la memoria donde van las cosas de las que ya no queremos saber nada. Lo que no puedo decir es que me haya sorprendido, yo ya sabía lo que había. No, el problema no es que sea buena o mala. El problema de Watchmen es que está terriblemente fuera de lugar. Buscando ejemplos extremos, podría decir que le pasa como a las películas de Mortadelo y Filemón, Los Picapiedra o Scooby-Doo. Si me pongo extremo de verdad me atrevería incluso a compararla con Kiss Meets the Phantom of the Park. Aunque pueda parecer un disparate comparar una historia tan transcendente (pretenciosa para algunos) como la de Alan Moore con estas fantochadas, estamos ante un caso muy similar, el de personajes nacidos dentro de un medio muy concreto que son llevados con calzador a otro que les es ajeno. No podemos acusar a Zack Snyder de no haber respetado la obra original. De hecho, el principal problema es exactamente ése. El excesivo celo le ha impedido transladar el universo original al lenguaje cinematográfico, un paso doloroso pero necesario para que la película se sostenga por su propio peso. Una translación más o menos literal puede funcionar con una obra tan cinematográfica como Sin City, pero no con la densidad literaria de Watchmen. El director parte, de entrada, de una premisa errónea y fracasa antes de empezar. A falta de ver el montaje extendido para dvd y Blu-ray, que durará cerca de 4 horas, lo visto en cine es una errónea revisión de las páginas. La obsesión respetar la narración original impide que la película levante el vuelo y funcione por sí misma. Paradójicamente, al intentar comprimir todo el material posible en 2 horas y media, lo que hace es precisamente traicionar al original, porque se pierde la invitación a la reflexión que nos hace cada página del gigantesco tomo. Es ese gusto por fantasear y por el “what if” lo que hacía (hace) tan especial al cómic original y lo que más se echa en falta en la película. Por supuesto, Watchmen no carece de escenas fantásticas. Con un material tan bueno algo notable tenía que haber, aunque fuera de casualidad. Lamentablemente, ni los momentazos protagonizados por Rorschach, nuevamente la estrella indiscutible, ni la genial introducción, consiguen sacar adelante una película triplemente insatisfactoria. Insatisfactoria para los fans del cómic, insatisfactoria para los que busquen un drama filosófico y, sobre todo, insatisfactoria para los que busquen una tarde entretenida de cine. 20 años lleva el señor Moore avisando de que su Watchmen es infilmable. Zack Snyder, empeñado en demostrar que no tiene razón, lo que ha hecho es precisamente dársela. Mientras, en algún lugar, Terry Gilliam se parte de risa.

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