Durante los últimos años de la II Guerra Mundial el ejército japonés, viendo inminente su derrota, instaló en China unos laboratorios destinados a la investigación de armas bacteriológicas. Allí se sometía a prisioneros chinos a toda clase de experimentos a los que no sobrevivían. Dentro de una de esas instalaciones se crea un auténtico microcosmos lleno de depravaciones, injusticias y tiranía.

Los hombres detrás del solforma parte de ese grupo de películas, como las de la voluptuosa Ilsa, que explotaron un marco histórico turbio para montar una gincana de salvajadas para deleite del público más rudo y zafio. El hilo conductor de la trama es la simple sucesión de torturas, progresivamente más sádicas, de tal modo que el interés del espectador va creciendo mientras se pregunta con qué nueva burrada le van a sorprender. Los hombres detrás del sol consigue darle pleno significado a la expresión “torturas chinas”. Realmente pone de manifiesto lo retorcidos que son los orientales y la mala idea que gastan.

Entre el extenso catálogo de experimentos podemos encontrar asombrosas escenas como en la que el intestino grueso de un tipo sale disparado a base de ultrasonidos o, mi favorita, en la que le congelan las manos a un pobre diablo para después rompérselas en trocitos, atizándole con un palo. Y no cuento más para no destripar la dantesca galería de travesuras, porque algunas son realmente sorprendentes. El acabado de las secuencias es bastante bueno, consiguen que resulten verosímiles, por muy disparatadas que sean. Luego, en función de la sensibilidad de cada uno le causarán un efecto u otro, ya sea asco, risa, o simplemente aplaudir con una sonrisa de regocijo.

La presencia de contenidos de fondo como el valor de la vida humana y el compañerismo, tan habituales en el cine bélico, sirven para enriquecer a la película, y queda la sensación de que la historia funcionaría igualmente sin las dosis de ultragore descarnado. 

Los acontecimientos narrados, por muy retorcidos e increíbles que parezcan, se ajustan con bastante rigor a la realidad histórica. A diferencia de producciones similares como la citada Ilsa, Los hombres detrás del sol es el resultado de una ardua investigación por parte del director y guionista, Tun Fei Mou, que realmente pretendía relatar con la máxima fidelidad las atrocidades cometidas por los “científicos” japoneses en la II Guerra Mundial.

No nos engañemos, la carnicería es el eje central, pero es precisamente en la vocación documental donde el film alcanza su verdadero valor. Eso siempre que uno se lo tome en serio, claro, en caso contrario ahí queda un truculento divertimento que hará las delicias de los más morbosos (los que tengan estómago para aguantar el espectáculo, y no es una advertencia baladí).

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