Es muy posible que alguien pudiera equiparar a La primera tentación de Cristo por la temática y su tratamiento con La vida de Brian. Una parte de la vida del profeta reflejada con ironía, humor y un punto de provocación. Todos estos ingredientes se mezclan en la obra maestra de los Monty Python y en este auténtico aborto cinematográfico ¿Por qué esta diferencia? Porque el humor inteligente de la primera, estrenada en 1979 no exenta de polémica, se torna en un humor absurdo y vulgar en la segunda con pocas excepciones durante sus tediosos tres cuartos de hora, frente a la deliciosa hora y media de la primera. Más parecida en muchos aspectos a Colega, ¿dónde está mi coche? que a la comedia de los Monty Python, esta refleja la vuelta de Jesús en su 30 cumpleaños tras una travesía por el desierto. La vuelta se convierte en todo un acontecimiento para sus familiares y conocidos y este es el planteamiento con el que sus autores querrían coronarse como los Monty Python brasileños con un resultado bastante calamitoso.

Éxito patrocinado por la ultraderecha

Si por la calidad de esta ficción dependiese, esta no habría llegado ni a la vuelta de la esquina. Sin embargo, la presunta provocación que supone interpretar desde la clave humorística la vida de Cristo desde Brasil, un país que vive una ola de conservadurismo ultra en torno a la religión sin precedentes, ha desencadenado que no se hable de otra cosa en muchas esferas. Las acciones críticas más civilizadas incluyen la recogida de firmas para que Netflix retire esta oferta de su catálogo o la campaña en redes sociales y llamadas al boicot contra la plataforma. Las más radicales han llegado hasta acciones terroristas con cócteles molotov contra la productora del film. La cinta también ha provocado un auténtico culebrón en el país sudamericano. La ofensiva judicial contra la ficción llevó a que un juez del Tribunal de Justicia de Río de Janeiro ordenase a Netflix la retirada (o censura) de la misma. El gigante audiovisual no se quedó de brazos cruzados y recurrió al Tribunal Supremo brasileño, que finalmente ha desautorizado al magistrado de Rio de Janeiro y permite la oferta y exposición de la película. No se debe olvidar que en Brasil se ha llegado a censurar un cómic de Marvel por incluir un beso gay. Acto que también fue revertido por la Corte Suprema.

La polémica por la película se ha extendido por todos los países en los que el ultraconservadurismo católico o evangelista campa a sus anchas. Es el caso, por ejemplo, de España, donde también ha habido petición de boicot en redes contra la plataforma y hay ofensiva judicial por parte de Abogados Cristianos contra Netflix para que retire la película de su catálogo. Si uno examina el contenido de la denuncia hecho público por la web de Abogados Cristianos, parece que es una denuncia interpuesta tal y como se representa a la Justicia, a ciegas. Dudo que hayan visto la película porque el único motivo de “escarnio contra los sentimientos religiosos” que denuncian es la representación de Jesús “como si fuera inepto y homosexual” ¿Recuerdan lo de “vagos y maleantes”? Si hubieran visto la película y su homofobia y seducción por el discurso de odio (también tipificados en España por el código penal) les dejaran ver más allá, verían que la representación del protagonista como homosexual supone la menor de las caricaturizaciones de los personajes de la ficción. Y por último, habría que recordarles que si interpretan como una ofensa la homosexualidad de su ídolo, a lo mejor tienen un problema cronológico al llegar 30 años tarde a enterarse de la noticia de que la homosexualidad no supone ningún motivo de mofa, lástima, crítica o segregación.

Por cierto, para los del manido argumento de “esto no se atreven a hacerlo con Alá”, alguien que sí ha visto la película puede decir que uno de los pocos toques cómicos aprovechables es la de la representación de la figura irrepresentable.

Otro pinchazo transfronterizo de Netflix

Netflix ha pasado de convertirse en un videoclub en el que se ofertaban películas de otras productoras a convertirse en una productora global con mercado propio en cada país. De ser un servicio que ofrecía un catálogo ajeno variado, se creció hasta elaborar sus propias series. Series con un sello de calidad indiscutible como House of cards (su primera producción) y Orange is the new black. Otras con un marcado carácter rompedor como Por trece razones o Sex Education. También otras que, pese a no descubrir nada nuevo, poseían una calidad innegable, es mi opinión sobre la -exageradamente- aclamada Stranger things.

Ahora que han mostrado la fórmula del éxito a empresas y productoras que veían desesperadas cómo se les iba su trozo del pastel, a Netflix no le ha quedado otra que diversificarse hasta ofertar el mayor catálogo posible ante la amenaza del imperio Disney (Fox, Marvel, Star Wars, National Geographic…). Un paso que implica ofertar contenido que no siempre contiene un cierto nivel de calidad. Es lo que pasa con esta película, sin embargo Netflix está empoderando la industria audiovisual global, ya que series o películas que antes no eran conocidas ni siquiera en sus propios países, hoy pueden arrasar a nivel global… y no siempre por su calidad.

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