Joan es una madura ama de casa que se encuentra frustrada y aburrida. Con un marido absorbido por su trabajo y una hija adulta que cada vez la necesita menos, siente un vacío existencial que la va destruyendo por dentro. Unas vecinas del barrio, igualmente frustradas y amargadas, la introducen en el mundo del esoterismo. Sin embargo, lo que para ellas es un simple entretenimiento se convierte para Joan en una creciente obsesión, ya que cree encontrar en la brujería una salida a la vulgaridad de su infeliz vida. Conforme va autoconvenciéndose de su nueva condición de bruja, la línea entre fantasía y realidad se va diluyendo para ella.

La estación de la bruja es sin duda una de las películas más extrañas y menos conocidas de George A. Romero. No es de extrañar. Enigmática y ambigua, combina drama costumbrista y terror psicológico, decantándose claramente por lo primero. Una vez asumido eso, nos encontramos ante una decente película que propone algunos debates existenciales muy interesantes y que retrata excelentemente a sus personajes (el hecho de que intervenga un número tan reducido de ellos favorece la profundización). Romero narra muy bien la progresiva pérdida de contacto con la realidad que sufre la protagonista mediante abundantes escenas oníricas, convirtiendo esta en una de las mayores bazas a favor de la obra. Estas escenas recuerdan en algunos momentos a la obra de Jesús Franco, con la diferencia de que aquí están rodadas con más gusto. Por desgracia, estas pinceladas de horror psicológico no lograr salvar a la película de una lentitud de ritmo muy acusada, con una duración de metraje demasiado estirada.

El impactante final deja un buen sabor de boca en el espectador, convirtiéndose también en toda una lección de cómo realizar un final sorpresa sin reírse de la audiencia ni recurrir a la facilona moda de copiar a El sexto sentido.

La estación de la bruja es toda una decepción para los aficionados más plastas y conservadores. Si se mantiene una mente abierta y no se espera demasiado del film, la recompensa es una película irregular pero disfrutable, bien interpretada y mejor conducida. Lo que tampoco quita que sea una de las obras más menores del tío Romero, inevitablemente.

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