Kull es un bárbaro atlante al que la fortuna pone, como el que no quiere la cosa, en el trono de un poderosísimo reino. Las traiciones por parte de los nobles del lugar no se hacen de esperar y no tardará en verse destronado por unos conspiradores que no dudan en aliarse con poderosas fuerzas malignas para lograr su propósito. Kull tendrá que derrotar a los usurpadores, recuperar la corona y, de paso, traer un nuevo orden de libertad y justicia al reino.

He aquí los sonrojantes restos de lo que en principio iba a ser Conan Rey. El bueno de Arnold rechazó el papel, que le cayó de rebote a Kevin Sorbo, el blandengue Hércules de la serie de televisión de Raimi y, tras un par de ajustes en el guión, la película se rehizo colocando de protagonista a Kull, otro rey bárbaro parido por la pluma de Robert E. Howad. El resultado es una película baratísima, muy light y mucho más cercana a la citada serie de televisión que a la obra de Howard.

Como he dicho, la película es demasiado suave como para ser creíble como peli de bárbaros. No hay sangre, no hay desnudos, el cartón piedra canta que da gusto y los pocos elementos sobrenaturales de la historia son creados por esos primitivos efectos digitales de principios de los 90 tan cutres y que todos odiamos. La horrible banda sonora no hace sino empeorar las cosas. La partitura compuesta por el chapucero retoño de Jerry Goldsmith intenta mezclar, con patético resultado, guitarras de heavy metal y elementos sinfónicos épicos, convirtiendo algunas secuencias de combate en un videoclip de Manowar. Y Manowar solo molan en su sentido irónico. A pesar de todo, creo que gustará a los seguidores de Chuck Norris.

Y bueno, como adaptación paso totalmente de comentar nada. Este Kull sólo se parece al Kull de Howard en el nombre y en la tontería del hacha, cualquier otro parecido es pura coincidencia.

Aunque Kull es un completo descalabro como peli de espada y brujería, hay que reconocer que como aventuras de serie b puede resultar hasta simpática, de las que solían poner antaño los domingos por la tarde. La originalidad de la trama es nula pero sigue siendo lo suficientemente efectiva como para entretener a ratos, si uno es poco exigente. Una pena, si se hubiera optado por algo más tontorrón y burrote en plan Ator, el poderoso hubiera salido algo mucho más interesante que este olvidable pasto de videoclub.

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