En estos tiempos pocas veces tenemos la suerte de poder decir que hemos visto algo nuevo en el panorama cinematográfico. Personalmente he tenido esa sensación y esa suerte en el Festival Internacional de Cine de Murcia IBAFF al ver la película Los muertos y los otros. Una cinta que se aleja de la cultura occidental para mostrar al mundo una sociedad indígena. Su cultura, su organización social, sus creencias, sus necesidades y sus carencias e incluso sus ritmos impactan en un primer momento al espectador al constituir una serie de hechos anecdóticos y curiosos que se basan en la diferencia y la contraposición de ambas culturas. Sin embargo, la película nos sorprende conectando al protagonista, Ihjãc, con el espectador a través de una inseguridad y un sentimiento que nos afecta a todos: buscar y encontrar nuestro sitio en la vida.

… y los otros

En esta sociedad buena parte de la vida diaria parece girar en torno a figuras fallecidas y designios de espíritus. Al margen quedan los otros, los vivos y los que realmente importan. Ihjãc luchará por tener una vida autónoma al margen de estos designios y conforme a sus propios deseos. Sus aspiraciones y problemas le llevarán a la ciudad, donde se ponen de manifiesto los grandes problemas que encuentran las personas indígenas para acceder a los servicios públicos.

Los indígenas, en el ojo del huracán

Si algo aprendemos en este film es la imposibilidad de entender a la cultura y la población indígenas apartadas de la naturaleza. La riqueza cultural de Brasil y otros países con extensas zonas selváticas no se entiende sin la presencia de estos nativos. Sin embargo, la deforestación, la desertificación y la contaminación de nuestros entornos naturales amenaza con cargarse el modo de vida de estas poblaciones.

Más sangrantes suponen las políticas restrictivas de derechos para estas poblaciones, y el ejemplo más sangrante lo encontramos en el mismo Brasil con el recién formado Gobierno de Jair Bolsonaro. El presidente hizo durante su campaña una feroz crítica racial hacia las personas indígenas, según recoge en su web la ONG Survival, que se dedica a defender los derechos de los indígenas. Tras su elección, una de sus primeras medidas fue otorgar al Ministerio de Agricultura la gestión de los territorios indígenas. Una función que antes desempeñaba la Fundación Nacional del Indio (FUNAI) y que se teme que ahora el Ministerio la ejerza en favor de las grandes industrias madereras y de explotación de los recursos naturales, con lo que desprotegerían a la población indígena y venderían las tierras a las compañías madereras.

Cine contra tiempos oscuros

Si por algo se caracteriza esta película es porque nos habla de una civilización diversa, pacífica y que a través de la magia, su cultura y su mitología nos transmite luz. Una luz plagada de colores y matices de diversidad en armonía que contrasta con el gris oscuro que se extiende en el panorama sociopolítico internacional. Un hecho que ya analicé con la película Querido hijo (Dear son) en la que se observa cómo le regalamos al extremismo el terreno que nos pide.

La riqueza y la novedad de esta película consiste en que da a conocer una nueva manera de entender la vida a través de los ojos de las personas indígenas. Una mirada necesaria para comprender qué está sucediendo en el Brasil de nuestros días (en uno de tantos frentes abiertos). Una oportunidad para hacer un ejercicio de ampliar los límites de nuestra mentalidad y reflexionar sobre qué modelo de mundo queremos y merecemos.

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