Isaki Lacuesta retoma la vida de dos niños gitanos casi 30 años después. Esta vez deja atrás los aspectos más tiernos de la infancia para hacer una película en la que retoma pinceladas de aquellos tiempos para situar al espectador en los orígenes de Israel y José.

La vida ha llevado por caminos muy diferentes a estos dos hermanos y mientras José es padre ya de tres niñas y tiene un trabajo en la Marina, Israel no ha podido desvincularse de la delincuencia y cumple condena en la cárcel. Esto le ha impedido ver crecer a sus (también) tres hijas, sobre todo a la pequeña.

La salida de prisión de Israel da origen a toda la trama, una salida que no será fácil. Israel se enfrentará a la incomprensión, el cambio de ciertas personas que lo apoyaban y a una dificilísima situación laboral.

San Fernando, Cádiz

Si difíciles están siendo los años de la crisis económica y del empleo en España, esta situación encuentra su máxima expresión en Cádiz. La desesperación de estas personas las aboca en muchas ocasiones a trabajos indignos, en los que se les explota, y en otras muchas ocasiones al “dinero fácil” de varias actividades delictivas. Israel intentará seguir el ejemplo de su hermano consiguiendo un buen trabajo. Algo que no será fácil dada su falta de formación, empleos anteriores y su rechazo a determinadas tareas. Una situación extrema que lo enfrentará frente a dos modelos de vida radicalmente opuestos y en el que nuestro protagonista se situará entre dos aguas.

Las Administraciones, desaparecidas

No se sabe bien si como crítica o porque el director no ha querido incluir este aspecto más burocrático en su película, el Estado y las Administraciones quedan prácticamente ausentes de la película. En una situación social que debería ser paraíso de trabajadores y educadores sociales estas figuras públicas brillan por su ausencia. Algo que no es exclusivo de esta provincia. No es casualidad que durante la crisis el Gobierno no haya apostado decididamente por el empleo de este sector y por dotar a los servicios sociales de presupuesto y capacidad de actuación para dar respuesta a miles de dramas personales y de familias enteras. Un ejemplo radicalmente contrario al que vimos en Central Airport THF en el festival IBAFF, una película sobre cómo responden los servicios sociales alemanes en esta instalación a la crisis de refugiado. En Entre dos aguas sólo vemos al Estado en dos facetas, la de la prisión de Israel y la fragata militar donde trabaja José.

Un paso discreto por los Goya

Si conocí esta película al ser nominada a Mejor Película del año en los Goya, llama la atención la falta de relevancia mediática que ha tenido tras su paso por los premios más importantes del cine español. Si Campeones, El reino y Carmen y Lola salieron reforzadas tras la gala para llegar a un público más mayoritario, podemos decir que Entre dos aguas y Todos lo saben han sido las grandes olvidadas por el gran público. Sin embargo la obra de Isaki Lacuesta es una película tremendamente seria que en cuanto a calidad no hubiera sido extraño que se hiciera con el gran Goya. Algo que sí consiguió de forma aplastante con la Concha de Oro del Festival de San Sebastián, lo que le ha valido la participación en múltiples festivales nacionales e internacionales y que ahora le trae a Murcia.

España es cine social

Este es un claro ejemplo de dónde brilla el cine español. En el aspecto social que denuncia las desigualdades y se adentra en mundos alejados de la clase media o de cualquier sector olvidado por esta sociedad superficial con más presencia mediática. Es ahí donde el cine español brilla más y da a luz películas que son dignas de marcar como obligatorias en los centros educativos. Una Marca España real y que nos descubre a auténticos referentes como Icíar Bollaín, Isabel Coixet, Fernando León de Aranoa, Arantxa Echevarría o Isaki Lacuesta.

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