Un joven inglés llamado Mark es mordido por un zombie mientras está recogiendo muestras en el campo para un trabajo universitario. Una vez contagiado por la mordedura cuenta en primera persona su proceso de transformación, así como sus intentos de adaptarse a su nueva condición de muerto viviente.

Con un argumento tan sencillo y a la vez desde una óptica tan original llega I Zombie, subtitulada acertadamente The Chronicles of Pain. Lo más desconcertante de esta pequeña gran película es su tono. No se trata de una comedia facilona, como podría imaginarse al leer la sinopsis. I Zombie se podría definir como un drama psicológico zombie con mucha carga existencialista, y está mucho más cerca de La Metamorfosis de Kafka que de los podridos antropófagos de Romero. Su hilo conductor no es la casquería fácil (de hecho se huye de ella en buena parte del metraje), sino la angustia interior de un personaje que nos cuenta cómo se ve obligado a abandonar su antigua vida a cambio de una existencia miserable que se resume en comer carne fresca mientras ve cómo su cuerpo se va degradando sin que pueda hacer nada para evitarlo.

Desconozco si Andrew Parkinson es seguidor del cine de Jörg Buttgereit, pero no he podido evitar encontrar similitudes entre I Zombie y el trabajo del germano (especialmente la depresiva El rey de la muerte). Ambos parecen tener una visión similar de la muerte y ambos apuntan con su obra al “cine de arte y ensayo”. Comparten también ese ambiente perturbador, malsano y putrefacto, así como el gusto por el ritmo pausado y contemplativo para favorecer la experimentación plástica. Hay momentos de verdadera poesía visual que van de la mano de una banda sonora de gran calidad también a cargo del director y guionista. Puede gustar o no gustar, pero no cabe duda del talento del muchacho.

Por el contrario, los efectos especiales son de largo lo peor de la película, algo comprensible debido al bajísimo presupuesto con el que ha sido rodada. Es verdad que hay algunos efectos muy resultones (el de la pierna, por ejemplo) pero la mayoría son bastante deficientes (principalmente la herida del cuello, que en algunas tomas se le notan hasta los bordes). De todos modos no es para tirarse de los pelos porque la obra se sustenta en el guión y la interpretación del protagonista, también muy correcta (no puedo decir lo mismo de los personajes secundarios, el propio director y los que supongo amigos suyos). Afortunadamente, el actor principal tiene una cara muy simpática que contribuye mucho a que el espectador empatice con él. Lástima que con el pobre maquillaje parezca un leproso más que un muerto viviente.

I Zombie es una propuesta innovadora y arriesgada que, sin embargo, no es apta para todos los públicos. No gustará a los intelectualoides ni tampoco a los consumidores del gore más cafre, sino que está dirigida más bien a gente que tenga un poco de ambas cosas. Sus defectos técnicos y su ritmo lento pueden echar “de la sala” a los que aún queden, pero los que consigan disfrutarla plenamente se sorprenderán meditando sobre la vida y la muerte una vez acabados los títulos de crédito. Y eso es algo de lo que muy pocos supuestos clásicos del cine pueden presumir, mucho menos una serie z como la que nos ocupa.

1
Comentarios

Por favor identifícate para comentar
avatar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

trackback

[…] segundo largo del prometedor Andrew Parkinson sigue la estela de I Zombie, ampliando la premisa de aquélla. El argumento de Dead Creatures podría definirse como la […]