La acción se desarrolla una generación más allá de la nuestra. El mundo ha caído en la anarquía debido a la infertilidad de la población. El habitante más joven de la Tierra acaba de morir a los 18 años y la raza humana se enfrenta a la posibilidad de su extinción. Con el telón de fondo de un Londres desgarrado por la violencia y los enfrentamientos entre sectas nacionalistas, el filme cuenta la historia de Theo (Clive Owen), un desilusionado ex activista convertido a burócrata que se ve obligado a enfrentarse a sus propios demonios si quiere proteger la última esperanza del planeta.

Visto como está el patio, tampoco sería una idea tan mala que la humanidad dejase de procrear. “Pueblos del mundo extinguíos”. Lo último que necesita el planeta es más contaminación, más guerra o más estudiantes de audiovisuales. El siempre deslumbrante Cuarón deja claro durante esta vertiginosa epopeya que el ser humano es la especie más merecedora de una colleja cósmica, y que aún llevándosela no aprendería nada. Por fortuna siempre nos queda algo en la caja de Pandora, el último auto-engaño que nos impide tirar la toalla del todo, o al menos recogerla del suelo de vez en cuando.

Ciencia-ficción con mensaje y seriedad, sí, pero pese a lo que se pueda temer, Hijos de los hombres no es una de esas películas de género en las que los personajes se limitan a hablar sesudamente sobre las verdades de la existencia en un entorno frío, sino que es una película de acción. Y al decir de acción no me refiero a golpes, tiros y explosiones (también hay de todo esto, aunque en un tono nada lúdico) sino a movimiento. Esta es una película, por no decir una experiencia cinematográfica, en la que la narración fluye de una manera inexorable, atrapando a los personajes y al espectador en un continuo “tirar palante”. Es difícil explicar la cualidad absorbente de este film, donde el manejo de tiempo y espacio por parte de Cuarón es definitivo. Si la mayoría de las películas de género de hoy en día están diseñadas para verse en formatos domésticos, con mucho primer plano y montaje videoclipero, Hijos de los hombres nos mete en unos espacios enormes donde suceden muchas cosas en tiempo real, y todas tienen repercusión. Esperar a verla en dvd sería un error.

En cualquiera de los millones de escuelas de cine que surgen como hongos, Hijos de los hombres serviría sin problema como ejemplo a diseccionar, y es que el guión quizá sea discutible (subrayando el quizá), pero el film brilla en todos sus departamentos: dirección, montaje, interpretación (reparto de infarto), fotografía, música, efectos especiales… Como Spielberg, Cuarón se las arregla para mostrar cosas terribles de una manera elegante, pero sin embellecimientos hipócritas.

Cine que hace pensar, pero sobre todo sentir. Imprescindible incluso para los que no se vuelven locos por la ciencia-ficción, entre otras cosas porque el mundo que se describe es, salvo algún que otro detalle, el que estamos viviendo ahora mismo.

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