El amor es la base de nuestra convivencia. Un sentimiento que nos une y que nos permite constituir familias y querer para todos sus integrantes una estabilidad que se explaye hacia todos los individuos y seres que nos rodean. Como pilar fundamental de nuestra vida es también un recurso más que usado en el cine hasta decir basta. Pocas películas pueden ya sorprendernos con la historia de un romance. Más allá de la sorpresa, puede recordarse por la poesía y la verdad con la que se exprese. En ese punto mágico encontramos a Carmen y Lola.

Amor gitano

Las protagonistas pertenecen a la etnia gitana y los distintos clanes son representados casi en todas y cada una de las facetas de sus vidas. El trabajo doméstico para las mujeres, el trabajo fuera de casa para todos, el culto, las pedidas de mano, cumpleaños y otros eventos sociales, la participación en asociaciones culturales, el trabajo por cuenta ajena… No me corresponde a mí calificar el grado de exactitud con el que la dirección se aproxima al pueblo gitano, pues no he tenido relación suficiente con personas de esta etnia que me den a conocer su manera de entender la vida. Sin embargo, la directora usa a actores y actrices gitanos y contempla múltiples facetas de su día a día de una manera delicada y muy elaborada. Parece que si en algún momento se distancia de su realidad es meramente casual. En Carmen y Lola se respira verdad, implicación y alejamiento de estereotipos que estigmaticen a esta cultura. Algo que de entrada ya merece un reconocimiento.

Amor prohibido

Lola es una adolescente que ya sabe lo que quiere. Pese a parecer bastante menor que Carmen ella ya sabe que es lesbiana, sabe qué quiere hacer con su vida y tiene la energía para llevarlo a cabo. Carmen parece mayor que Lola y es una mujer de bandera… que se deja llevar por el viento que sopla. Carmen ni siquiera se plantea la posibilidad de ser homosexual ya que ella ya se ha ennoviado con un chico.

Desde Romeo y Julieta o los amantes de Teruel escuchamos historias de amores imposibles. Esta versión nos descubre un nuevo giro de tuerca que puede acontecer dentro de nuestras fronteras en pleno siglo XXI. Algo que nos muestra que la diversidad sexual aún no ha ganado todas las batallas a las que se enfrenta. Señal de que ahora, más que nunca en mucho tiempo, este arco iris de libertad corre el riesgo de apagarse frente a una debacle de proporciones graves para el colectivo LGTBI y para la dignidad de toda una sociedad democrática.

Amor encorsetado

La estructura de la trama es lo peor que se puede destacar de una película muy mimada. La fórmula de “chico conoce a chica, chica rechaza a chico, chico se trabaja a la chica hasta conseguir a chica, chico y chica se enfrentan juntos a los problemas, chico y chica parecen sucumbir ante los problemas y finalmente… ¿?” sólo cambia en esta película de género y la sitúa en otra etnia. Una fórmula que resulta tan recurrida que aburre a los más pastelosos (bueno, a esos puede que no tanto, pero a cualquier consumidor que busque algo de innovación sí). Esta estructura fijada sólo puede defenderse en caso de óperas primas para conseguir un resultado correcto. Algo que no es el caso con la directora Arantxa Echevarría, sin embargo, esta explota hasta el máximo a sus actrices y todos los recursos a su alcance para que al final Carmen y Lola sea una de las películas del año en España.

Amor por el cine español

Pero Carmen y Lola no es sólo un drama romántico que da un buen resultado. Es el ejemplo de lo que durante muchos años ha sido la marca España en el cine. Un gran ejemplo de cine social, que toca con el trípode en un suelo que nos lleva a lo que podemos ver en la calle. Nuestro cine muy pocas veces se ha lanzado a la conquista del espacio o nos ha traido robots… y cuando lo ha hecho el resultado también ha estado impregnado de un contenido social nada desdeñable que es nuestra principal baza ante producciones extranjeras con presupuestos desorbitados y muy poca sesera.

Carmen y Lola tiene posibilidades de entrar a formar parte de la historia del cine español con letras de oro al estar nominada a los Premios Goya a la categoría de Mejor Película. Sin embargo si decíamos que el cine español es un cine social y diverso, esto también se nota en su competencia. Se enfrentará a la gran Campeones, protagonizada por personas con discapacidad; también tendrá enfrente a Entre dos aguas, cuyos personajes principales son a su vez de etnia gitana. Por otra parte, muy envalentonada tras triunfar en los Feroz (Premios de los periodistas especializados, la crítica), se presenta El reino. Esta está protagonizada por otros personajes que pertenecen a una minoría social muy representativa en España, nuestros políticos. Y por último Javier Bardem y Penélope Cruz nos traen un drama familiar con Todos lo saben.

Premios, nominaciones y reconocimientos aparte, Carmen y Lola nos presenta una historia que es importante que sea contada. Siempre digo que muchas películas de ese marcado carácter social deberían ser exhibidas obligatoriamente en centros de enseñanza públicos para concienciar sobre la realidad que nos rodea. Quizá así algún día todos comprendamos la inutilidad de ponerle barreras a sentimientos tan puros y conseguir que esta historia sea cosa del pasado.

¡Viva el amor! ¡Viva el buen cine español!

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