La novia de un joven estudiante de medicina muere en un ridículo accidente con un cortacésped. El muchacho, afligido, conserva su cabeza con la esperanza de poder devolverle la vida algún día. Para ello necesitará un nuevo cuerpo y ¿dónde mejor que de mujeres que venden su cuerpo?

La fórmula es sencilla: Re-Animator + La novia de Frankenstein + Una chica explosiva + el toque Henenlotter = Frankenputa. Un cóctel macabro de vísceras y sano cachondeo para toda la familia. Sin duda lo más logrado de la película es su fino (o grueso, según se mire) humor negro, condimentado con toques de comedia adolescente ochentera. Si además le añadimos la marca de la casa del director, el resultado es poco menos que curioso.

Por la pantalla veremos desfilar escenas tan locas como la de las “putas-bomba”, el proceso de selección de la materia prima o la sana afición que tiene Frank para relajarse: taladrarse la cabeza (ya hay que ser burro). Sin embargo, de entre todas ellas destaca el rebuscadísimo final, tan bizarro, tan Historias de la cripta, que te tienes que reír aunque no quieras, y en el que se vislumbra parte del espíritu de Baseket Case.

Ni siquiera los pobrísimos efectos especiales consiguen estropear una colección de escenas nacidas para hacer saltar empastes. Es una pena que por un afán de llegar al público juvenil se escatime tanto en hemoglobina. Con un poco más de “sustancia” la película habría ganado en contundencia y se habría convertido en un pequeño clásico al mismo nivel que la opera prima del director. No obstante, no por estar menos mitificada que Basket Case es una película menos disfrutable, en absoluto.

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