Un grupo de policías es destinado a la prisión de una colonia de Marte para hacer el traslado de un peligroso convicto. Al llegar se encuentran con que la ciudad está desierta, o al menos eso parece. No tardarán en ser acechados por unos enloquecidos mineros poseídos por entidades marcianas.
Una mezcla de rabia y añoranza es lo que produce ver a directores de la talla de John Carpenter rebajados a dirigir castañas como Fantasmas de Marte para seguir más o menos en la brecha. La verdad, pocas veces una película con tanto tiro y tanto petardazo había sido tan aburrida. Las escenas de acción, que deberían ser el eje central, están rodadas sin ganas y no transmiten la menor fuerza. Y no me extraña, porque las peleas con esos fantoches mal llamados “fantasmas de Marte” parecen más bien un concierto de blackmetaleros chungos drogados hasta las cejas (cielo santo, qué pintas). La música no ayuda mucho, y las guitarras metaleras de Anthrax y Buckethead se hacen pesadas y cansinas, muy cansinas, despojando a las escenas de acción del poco efectismo que les pudiera quedar. Eso sí, contribuye a aumentar esa sensación de estar en un concierto rodeado de melenudos pegando saltos. Quizá ahora que están tan de moda “Lordi”, ésos de Eurovisión, sea el momento de reivindicar esta estética de monstruitos cutres.

La historia tal y como se lee en la sinopsis tampoco va muy allá. Se trata básicamente de un refrito de algunas de las películas de Carpenter de más éxito: posesión de organismo extraterrestre (La Cosa), hilo conductor de Asalto al distrito 13 y ambientación postapocalíptica (Rescate en N.Y. y Rescate en L.A.). Respecto a la ambientación, además de ser bastante fea, recuerda sospechosamente a Desafío Total(que ya cantaba a cartón piedra) y a Doom (el videojuego). Está claro que la originalidad del producto es nula, pero todavía más descorazonador resulta el trabajo del reparto. Algo de interés ofrecen los personajes femeninos, como una Pam Grier desatada y una solvente Natasha Henstridge, a pesar de que su personaje es algo soso. Respecto al rapero Ice Cube sólo puedo decir ¿por qué demonios siguen contratando a raperos para que actúen? Lo peor es que al final su personaje no muere, algo que todos esperábamos con afán.

En fin, ante semejante panorama poco queda añadir. Una triste producción que resulta doblemente decepcionante tras la agradable sorpresa que supuso Vampiros tan sólo un par de años antes. Amargo colofón para la carrera de Carpenter. Espero sinceramente que tenga la oportunidad de redimirse con otra película que sí esté a la altura de su buen nombre. John Carpenter no se merece esta despedida.

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