Joanna es una profesional de éxito que trabaja como representante de ventas de una compañía camionera. Pero su vida privada es más complicada: se ha apartado de su padre (Sam Shepard), tiene pocos amigos y vive acosada por un ex-novio que está obsesionado con ella (Adam Scott). Teme estar perdiendo el control de su vida. Joanna ve y siente el brutal asesinato de una mujer que no conoce. El implacable asesino parece haberla tomado como su próxima víctima. Decidida a defenderse, Joanna se ve guiada por sus pesadillas hasta el lugar en donde nació la mujer asesinada: La Salle, en Texas.

Llevo una racha de películas de las que me es difícil escribir más que unas pocas líneas. Eragon o esta El Retorno se sustentan sobre historias en las que realmente nunca llega a pasar nada llamativo y cuando pasa algo, es de manera brusca y poco sentida. No es que se trate de filmes llenos de sutilezas que haya que encontrar para disfrutar de delicias solo al alcance de espectadores más sofisticados, sino que los responsables de tan débiles productos tiran de un par de ideas (“la Era de los Dragones ha de regresar”, “a Maria Antonieta le gustan los zapatos”, “tengo visiones y quiero saber qué significan”) que usan hasta la saciedad para alargar la función, descuidando otras que podrían dar más sustancia al asunto o cuanto menos alimentar el interés de una platea bostezante.

Al menos, El Regreso goza de una puesta en escena sin mucho alarde, y casi libre de efectos de postproducción ruidosos de esos que se usan ahora en cada flashback para dar sustos pobres a la audiencia infantil. En todo el film hay como tres o cuatro subidas de audio para sus respectivos sustos, metidos con calzador en una historia que tampoco se inscribe realmente en el género de terror. Todo aquel que haya visto un episodio de Médium ya sabrá de qué va el asunto, investigación paranormal, en este caso con tono de thriller dramático y ecos de western. El director Asif Kapadia, responsable de la gozosa El Guerrero triunfa a la hora de crear una curiosa atmósfera paranormal, malsana y melancólica en los parajes texanos (algo así como una mezcla imposible entre Peckinpah y Kiyoshi Kurosawa), pero el endeble guión en el que se sustenta la cinta es incapaz de mantener la atención por su falta de tensión y verdadero misterio, ya que más o menos está todo claro desde el principio para todo aquel que haya visto un par de películas o series de televisión de este género. Buffy hace lo que puede en su enésimo papel de sufridora, pero a los fans fatales de aquella magnífica serie aún nos resulta raro verla de víctima-pava de personajillos como un violador de tres al cuarto o un mecánico rijoso, corriendo, gritando y escondiéndose en lugar de patearles el culo como haría La Cazadora. En cuanto a Sam Shepard, pues sigue en su línea de trabajos alimenticios sin mayor complicación con papeles secundarios en películas de toda calaña. Y bien que hace, qué demonios.

El Regreso no es necesariamente mala, sino simplemente gris e irrelevante.

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