En Londres, a finales del XIX y principios del XX, los espectáculos de ilusionistas son muy populares tanto en las clases altas como en las más bajas. Dos jóvenes aprendices de este arte van trasformando su amistad en rivalidad y odio extremo según van adquiriendo notoriedad. Obsesionados con superar al contrario, recurren a todo tipo triquiñuelas para robarse los trucos y destruirse mutuamente.

The prestige reafirma a Christopher Nolan como un autor comercial, esa especie de cineastas tan molesta para la crítica por su molesto empeño en hacer películas personales pero sin olvidarse del público. La obsesión como motor de la historia, la estructura narrativa llena de saltos en el tiempo (que al final siempre encajan perfectamente) o la colaboración con actores recurrentes (después de Batman Begins y antes de The Dark Knight tenemos en el reparto a Bruce Wayne y Alfred) son algunos rasgos que hacen que su cine tenga “denominación de origen”, pese a la diferente ambientación o temática de sus distintas obras.

En este nuevo estreno también se aprecia esa cualidad de Nolan para dar credibilidad a historias en principio rocambolescas, sobre todo por el excelente pulso narrativo, la contundencia de una imágenes que suelen mezclar espectacularidad y realismo en un mismo plano y, sobre todo, por su exquisitez a la hora de dirigir actores. Si Nolan se escapa (¿por los pelos?) de ser calificado como director modernuelo es porque tiene la habilidad de ceder protagonismo a los actores y no a sus propios alardes experimentales. Está claro que Michael Caine no lo puede hacer mal ni en un cagarro de Michael Bay, pero intérpretes más discutidos como Christian Bale o Hugh Jackman (Batman Vs Lobezno, tenía que decirlo) demuestran aquí todo su poderío sin que uno se termine de decidir cual de los dos brilla más. Incluso Scarlett Johansson (en un papel secundario) logra salir airosa, claro que la mayoría del tiempo lleva un escotado corsé que distrae la atención de sus incomprensibles muecas.

Como el atuendo de la Johansson, el leit motiv de The prestige es la distracción, herramienta de trabajo de los ilusionistas y fundamento de un guión que, obviamente, aguarda una sorpresa final. Si algo impide que esta película pase de ser un entretenimiento de lo más interesante a una experiencia memorable son las excesivas pistas y explicaciones sobre “el truco” en sí, que le quitan poderío a lo que podría haber sido uno de los planos finales más impactantes de las últimas décadas. Aún así, el argumento está mejor resuelto que el de esa hermana pobre de The prestige que se estrenó hace poco titulada El ilusionista. Como en aquella, el film de Nolan retrata una época en la que la parapsicología, el espectáculo y la ciencia cruzaban sus caminos mientras el mundo se hacía pequeño por culpa de la civilización desbordada. Era la época de las misteriosas reuniones de Arthur Conan Doyle, Arthur Machen y sus colegas de la Golden Dawn, de las inmersiones extradimensionales de H.P. Lovecraft, del boom del espiritismo o de la mística electromagnética de Nikola Tesla, presente en The prestige con los inquietantes rasgos de David Bowie. Esta época de prodigios soñados e ingenuas expectativas está retratada a la perfección, aunque al final lo más interesante es la relación de dependencia de dos antagonistas que no saben vivir sin (odiar, envidiar) al otro.

The prestige establece un juego de espejos en el que los protagonistas quedan atrapados en el reflejo, anulándose a sí mismos. Y es lo más parecido a una historia de amor que hemos visto en la siempre interesante obra de Christopher Nolan. Que se vea venir el final o no, al final no termina por ser tan relevante.

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[…] Amén de la “ficha artística”, la película plantea una intrigante historia en la que la ambientación cumple un papel muy importante, esa Viena de 1900 aún no especialmente decadente, una época en la que la psicología, la parapsicología y la verdadera ciencia estaban más mezcladas que en la actualidad, lo que propiciaba una extraordinaria popularidad de los ilusionistas, siendo el más mítico Harry Houdini. Como suele pasar con más frecuencia de lo esperable, El ilusionista ha coincidido en el tiempo con otro film sobre “magos” enmarcado en la misma época, El prestigio. […]