Jean-Baptiste Grenouille (Ben Whishaw) nace rodeado de miseria en el mercado del pescado de París en 1738. Ya a temprana edad, advierte que posee un olfato muy refinado. Tras sobrevivir a las inmundas condiciones de trabajo en una curtiduría, Grenouille entra como aprendiz en la fábrica de perfumes de Baldini (Dustin Hoffman). Pronto superará a su maestro en el arte de la mezcla de esencias, pero su talento se convertirá a su vez en una obsesión que le alejará de posibles compañías. Poseído por la idea de preservar los aromas humanos, asesina sin piedad a aquellas jóvenes cuyo aroma llama su atención. No puedo comparar la película con el libro, porque no me lo he leído. El título me echaba para atrás y que los perfumes nunca me han llamado la atención, y a mí no me saca nadie del Axe de toda la vida, aunque reconozco que las chicas de los anuncios de perfumes son las mejores de toda la publicidad. ¿De qué estaba hablando? El perfume es un psycho-thriller europeo con asesino temático, donde lo interesante sucede antes de que el tipo se ponga a matar nenas, algo insólito porque en estas películas lo único interesante suele ser el matarile y los desnudos. En realidad la primera mitad de El perfume tiene mucho de comedia negra experimental donde los cineastas tratan de transmitir al espectador el mundo sensorial del singular protagonista, una especie de mutante Marvel con el olfato de un perro. En este aspecto, el film brilla al retratar “olorosamente” distintos ambientes del Paris del siglo XVIII, desde el pútrido del pescado donde nace (la escena más potente de la película, capaz de revolver más de un estómago) a las múltiples fragancias de las perfumerías más pijas. Para lograr el efecto deseado, se recurre a efectivos planos detalle y a la exageración en cosas como un trabajo de maquillaje que acentúa la roña, los eccemas y demás elementos orgánicos. El retrato de ambientes, ya sean urbanos o naturales, es magnífico, dando una sensación de autenticidad histórica muy superior al de otros intentos recientes como Alatriste o Los Fantasmas de Goya. El espectador es capaz de sentir el mundo del protagonista e incluso su anhelo de preservar para siempre la esencia de la belleza. Pese a ser un ser inquietante y un asesino ¿involuntario?, sentimos cierta empatía por él. Pero hete aquí que, cuando el antihéroe da con la fórmula y se dedica a descalabrar doncellas, los responsables no son capaces de mantener esta cercanía con el personaje, sino que trasladan el protagonismo de la historia al gran Alan Rickman y a su núbil hija ficticia, personajes que, pese a bien interpretados, son tan planos como el típico sheriff y su retoño vistos en cientos de pelis de psicópatas de toda la vida. El bueno de Jean-Baptiste se convierte en poco más que una amenaza, el típico “loco con proyecto” no muy diferente de los de películas como Los crímenes del museo de cera, La residencia, May o, claro está, las versiones cinematográficas de Frankenstein. Uno casi hecha de menos a Una O´Connor o al burgomaestre diciendo aquello de “¡monster indeed!” por las impresionantes calles gerundenses. La cosa se vuelve poco a poco más alegórica y avanza hasta una demostración del gran poder de la belleza, la inocencia y el amor concentrados. Tal cosa provoca una suerte de orgía colectiva y popular (me dicen por aquí que “rave”, pero no sé yo) demasiado alargada, mística y falsa. En este tipo de escenas hay que andar con cuidado o es fácil caer en el ridículo, hasta a Kubrick (quien por cierto dijo que El perfume era una novela “infilmable”) le pasó con la estúpida orgía de Eyes Wide Shut. Pese a esta progresiva desconexión del espectador con la película, El perfume merece la pena por su esmerada producción (bien por el tío Julio), por los magistrales secundarios (el narrador en off sobra del todo, pero se trata de John Hurt y eso siempre está bien), por el bebé falso más realista de la Historia del Cine (bien por DDT) y por las dos bellezas de pelo granate que condicionan la carrera profesional del protagonista. Un poco más de cercanía, o en su defecto, de violencia gráfica hubieran hecho de este extraño Perfume una memorable pieza de género, en lugar de una película interesante pero frustrante.

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