Un científico consigue crear un inmundo híbrido de mono y rata. Como es de esperar, el monstruo escapa y siembra el pánico en un pequeño pueblo tropical. Un grupo de jóvenes que se encuentran haciendo una sesión de fotos en la zona se verán asediados por el ser. Paralelamente, la hermana de la modelo y un escritor de novelas negras investigan el paradero del grupo.
Está claro que si fertilizas a una mona con esperma de rata, el resultado será un homínido con la astucia y la agresividad de esos asquerosos roedores. Aceptemos también que la lógica dieta de tan singular animal sea la carne cruda. Lo que no está tan claro es que además posea un veneno letal en sus uñas y dientes (de hecho, ni siquiera se lo explica el propio padre adoptivo de la criatura). Me río yo de la credibilidad del científico, a juzgar por el cuchitril nauseabundo que tiene por laboratorio, así que no intenten repetir el experimento en casa.

No cabe duda de que el principal atractivo de la película es el propio hombre rata, encarnado por Nelson de la Rosa, un hombrecillo de unos 40 centímetros muy popular en latinoamérica por sus apariciones televisivas. Grotescamente caracterizado, doy fe de que ofrece un aspecto realmente repulsivo (que no terrorífico).

La película es una zafia explotación del peculiar físico de Nelson de la Rosa. Los diálogos son estúpidos, los personajes son repelentes (especialmente el escritor) y la puesta en escena simplemente no tiene ni pies ni cabeza. ¿A quién se le ocurre meter la mano en una caja de cartón para buscar a alguien en una casa abandonada? También termina uno harto de tanto “algo va mal, puedo sentirlo” y, por si fuera poco, los mismos protagonistas exclaman al final, ante la imposibilidad de resolver el caso, que “lo mejor será olvidarlo”, dejando colgada la investigación sin mayor problema. El hecho de que el director y guionista firmen la película con seudónimos permite hacerse una idea de cómo se sentirían respecto a su creación.

Lo único salvable del film (aparte del propio hombre rata, que se deja ver poco) es la ambientación sucia y malsana de la película y la inevitable escena de la ducha. Se agradece también la presencia Janet Agren, actriz bastante popular en la época (y no precisamente por sus dotes interpretativas), recordada por otras producciones de la calaña de Comidos vivos, Miedo en la ciudad de los muertos vivientes o El guerrero rojo. No es que se luzca, pero le da cierta alegría a este esperpento.

El hombre rata no sólo forma parte del ocaso de la propia carrera de Janet Agren, sino que también es uno de los últimos coletazos del terror italiano, ya bastante agotado por aquel entonces.

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