En una tranquila localidad comienza una serie de asesinatos aparentemente inconexos. El culpable parece ser el siniestro gato negro de un científico loco-médium aún más siniestro. El personaje parece estar ligado al animal de algún modo.

¿Fulci adaptando a Poe? Sí señor, ocurrió, aunque poco queda del relato original. Estaba claro que los italianos no se podían quedar sin sus propias adaptaciones del clásico escritor. Lo curioso es que fuera Fulci, director más proclive a mostrar higadillos que a crear atmósferas, el encargado de perpetrar este Gato negro. Quizá a Poe le hubiera venido mejor otro realizador algo más “fino” (como efectivamente sucedió en la tardía Los ojos del diablo, de Dario Argento en colaboración con George A. Romero, aunque el resultado tampoco fue muy allá).

Divagaciones aparte, El gato negro nos presenta a un Fulci más sutil y misterioso de lo acostumbrado, aunque más temprano que tarde la trama se le va de las manos y alcanza momentos de auténtico disparate. No importa, es Fulci y nosotros le queremos.

La primera media hora de película no es más que una sucesión de muertes aparentemente inconexas, sin desarrollo de personajes, argumento o explicación alguna. Lo mejor de todo es que la magia del entrañable italiano consigue que todo eso al espectador le importe un pimiento. Sin embargo, contra todo pronóstico, pasada esa media hora empiezan a encajar piezas, sin que des cuenta muy bien de dónde han salido, y todo va cobrando cierto sentido, aunque para ello la película se valga del tan recurrido desarrollo pseudo-giallo. Así que ya saben, si se sienten desconcertados ante tantas muertes inconexas (menos sangrientas que de costumbre, pero igualmente sádicas) no se preocupen, que todo será explicado a su debido momento.


La ambientación está bastante lograda, resulta tétrica y se intuye un presupuesto relativamente holgado para lo viene a ser un eurotrash de saldo (¡incluso hay pirotecnia!). Es debido a la correcta realización por lo que sorprende aún más una serie de chapuzas de montaje que a buen seguro arrancarán más de una carcajada. Véase la escena de uno de los últimos ataques del gato donde se repite el mismo plano tres o cuatro veces, causando un risible efecto de déjà vu bastante curioso. También es destacable otra escena donde el animal (el mejor actor de todo el reparto) comienza a teletransportarse con ese característico efecto de sonido que acompaña a todo acto mágico que se precie.

El resto: lagunas narrativas por todos lados, una historia con más remiendos que el abrigo de Carpanta, un montón de subtramas que se pierden por el camino… Pero el seguidor del director ya va avisado y el que no lo sea dudo que se quede para ver el final. No es de las mejores películas de Lucio Fulci (ni de las peores) pero bien merece un visionado.

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