El caballero Allaric de Marlac es ejecutado junto a su amante, acusados ambos de diversas fechorías relacionadas con la magia negra y el canibalismo. Antes de que le separen la cabeza del cuerpo jura a sus verdugos regresar de la tumba para vengarse. Para evitarlo, entierran la cabeza y el cuerpo en lugares separados. Cinco siglos después, sendos descendientes de ajusticiado y verdugo resultan ser amigos. Tras una sesión de espiritismo durante la cual se manifiesta el temible caballero, los amigos se proponen encontrar su cabeza.

Esta película, claramente inspirada en el mito del caballero sin cabeza (ya saben, Sleepy Hollow) abre el ciclo dedicado a Allaric de Marlac, el personaje más carismático de Naschy con permiso de Waldemar Daninsky. A pesar de tener una dirección algo tosca (por lógica inexperiencia, fue el debut de Aured a la dirección), una puesta en escena algo torpe y un rodaje hecho con prisas se trata de un perfecto ejemplo de cómo era el cine de terror español en su época dorada, para bien y para mal.

Tenemos un argumento relacionado con la brujería, el obligado destape y una breve pero inevitable aparición de zombies, elemento indispensable en el cine de terror europeo del momento. Sobre los zombies tengo que decir que a pesar de los medios cuentan con un maquillaje bastante bueno, demostrando que se puede ser cutre con dignidad (ejemJesusFrancoejem).

La ambientación sitúa la acción en opresivos parajes rurales (la propia finca de los padres de Naschy), logrando un clima muy apropiado y demostrando que la España profunda puede ser tan siniestra como el más lúgubre de los cementerios.

Paul Naschy interpreta nada menos que a tres personajes distintos (¿soy el único al que le chirría que todos los descendientes de Allaric de Marlac tengan la misma cara?), siempre con su estilo carecterístico tan teatral, rozando a veces la sobreactuación, pero que es justo lo que la película pide. Se merece una mención especial un terrorífico Luis Ciges que, con una siniestra hoz de labranza, nos dará algunos de los mejores momentos de la película (coqueteo necrófilo incluído, al menos en la versión sin censura que pudo verse en el extranjero).

El espanto surge de la tumba combina una historia muy clásica, ingenua incluso, con una realización llena de excesos, tanto en el gore como en el destape. Son sin embargo esos excesos los que convierten a títulos como éste en entrañables piezas de culto llenas de espontaneidad y alegría. De lo más divertido y recomendable del terror ibérico de los 70.

Aingg, que te cojo, aingg

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