A principios del Siglo XXI, colegialas de entre 15 y 17 años empiezan a morir por todo el mundo sin razón aparente, para luego resucitar en forma de zombies. Las pequeñas, que serán conocidas popularmente como “stacies”, reducen la población mundial a la mitad y se tendrá que crear una unidad especial para controlarlas.

En Occidente esta película habría resultado en una tontería de hora y cuarto de vísceras y explotación fácil del supuesto morbo que genera la indumentaria de las colegialas japonesas. Pero nos encontramos ante una película japonesa, y sólo en Japón podría salir de este guión una película con pretensiones estilísticas y filosóficas.

Por supuesto, Stacy no deja de ser una tontería sobre colegialas zombie con afición a derramar tripas ajenas, pero también es una bella fábula y una interesante reflexión sobre la situación de una juventud nipona necesitada de amor y con serios problemas de adaptación. Un plato difícil de cocinar que, como es lógico, resulta bastante indigesto.

La película va dando tumbos entre el lirismo y la gilipollez adolescente, y se queda a medio camino de ninguna parte.Empachadoramente referencial, la película está plagada de guiños a Evil Dead y a los muertos de Romero, en un intento de despertar la sonrisa del aficionado. Por después diez minutos, y lo que queda, de aguantar el pavo que las japonesas tienen encima, el incómodo espectador occidental probablemente ya habrá perdido la simpatía inicial y comenzará a exigir que las chavalas dejen de hacer las idiotas y empiecen a cargarse a alguien.

Debido al bajísimo presupuesto, las escenas de acción son escasas y breves, de modo que se desperdicia una de las mejores ideas, la del trío clandestino de exterminadoras adolescentes, cuya presencia no pasa de anecdótica. A pesar de la cutrez que acompaña a toda la producción, los efectos especiales son bastante decentes, y regalan un par de escenas memorables como la de la autopsia a una de las Stacies.

Por su moderada originalidad es posible que el zombiefilo empedernido encuentre algún interés en Stacy. Desgraciadamente la película no es capaz de desarrollar las buenas ideas que plantea de inicio. Se queda floja como drama, como película de zombies y como comedia, ilustrando perfectamente aquello de “quien mucho abarca, poco aprieta”, aunque se sea japonés.

No se engañen, El ataque de las colegialas zombie no es, ni mucho menos, tan divertida como su nombre promete.

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