El ciclo de Amnistía Internacional en la Filmoteca Regional de Murcia nos descubre una obra mexicana de 2012 cuya temática, por desgracia, rompe con las barreras de la distancia y el tiempo que la separan de la España o cualquier otra parte de la sociedad occidental de 2019. En el fiel reflejo de esta triste realidad reside el éxito de esta película. Cruda y desagradable, pero también empática y tierna. Un binomio de sensaciones que sirven para meterse de lleno en la piel de la protagonista. Alejandra (una magistral y jovencísima Tessa Ia) acaba de perder a su madre, un hecho que descompone a una familia que intentará reponerse empezando una nueva vida. Un cambio que sólo irá a peor.

Una herramienta pedagógica

Una película tan cruel, de escenas tan duras y lamentablemente tan real que no deja indiferente a nadie. Ese acierto de crear un sentimiendo de identificación con la protagonista consigue que la película no sólo suponga una serie de desgracias a cada cual mayor, sino un proceso de declive paulatino en el que cada acción mina el espíritu de Alejandra. Al salir del visionado del filme se podían escuchar distintas opiniones. Algunas algo vacías como el típico “es muy triste”, “la pobre”, etc. Sin embargo, otras fueron más interesantes, como la (también típica por otra parte) caída en el miedo a la propagación. “Es una película muy buena, pero podría incitar a otros niños a reproducir este acoso”, comentaba una de mis compañeras asiduas a la Filmoteca.

A mí me pareció todo lo contrario. Quizás al ser pedagogo veo muy claras las aplicaciones positivas que tendría el visionado de esta película y un análisis riguroso, pausado y serio. Un ejercicio que nos podría llevar a las soluciones a tomar en cada momento para revertir y evitar situaciones de acoso.

Maldad humana

Después de Lucía nos descubre una realidad muy incómoda y es que ya sea de una naturaleza innata o adquirida la maldad humana puede alcanzar cotas dramáticas. Disfrutar de una situación de superioridad resulta cómodo, divertido y, en muchas ocasiones, atractivo para aquellos que su inteligencia y humanidad no da para más. Atacar al débil o convertir a alguien en débil por presión de grupo o arrinconar a los colectivos minoritarios para demostrar una supremacía es algo que se suele dar en el mundo animal para conseguir escalar puestos en la pirámide de Maslow, que jerarquiza nuestras necesidades.

Sin embargo, identificarnos con animales de muy limitado raciocinio nos lleva a pensar que en situaciones como las de acoso escolar no es sólo que no hayamos evolucionado, sino que hemos involucionado. Esta involución en la que se basa esa maldad humana se basa en que al menos los animales realizan estas acciones para cubrir sus necesidades básicas ¿Cuál es la excusa de los cachorros humanos? Aquí no hay una lucha por un alimento escaso, tampoco por un refugio ante la inclemencia meteorológica, ni siquiera se puede poner la excusa de la búsqueda de una pareja para procrear. Sí que es verdad que el satisfacer las necesidades sexuales puede ser la única necesidad básica que lleva a los y las salvajes de la cinta a hacerle la vida imposible a Alejandra, algo que tampoco justifica ni la necesidad de las acciones.

Nuevas tecnologías, un nuevo escenario

Ser más listos que adolescentes con las hormonas revolucionadas no debería ser muy difícil, pero es verdad que mientras que ellos se mueven como pez en el agua entre las redes y dispositivos tecnológicos, una vieja guardia de profesores aún necesita manguitos, clases de natación, y, sobre todo, voluntad de hacer frente al problema y ver la necesidad de aprender a nadar.

Las nuevas tecnologías y tendencias de uso de las mismas que se extienden entre los jóvenes son el punto de partida del conflicto que convierte a Alejandra en un pelele al servicio de los deseos más descabellados y degradantes de sus opresores, por lo que es importante tener una formación legal y psicológica de los profesionales que trabajan con menores.

Preguntas que duelen

Una película estupenda para hacer pensar a toda la comunidad educativa. Plantea preguntas a todos y cada uno de los involucrados: A los acosadores “¿Estoy haciendo algo digno con mi vida?”, “¿Sé hasta qué punto pueden llegar las consecuencias de mis actos?”, “¿Pienso que detrás de la persona a la que acosamos hay una vida como la mía?”. A los acosados “¿Estoy utilizando todos los recursos a mi disposición para acabar con esta situación?”, “¿Hay una progresión en mi declive que puede acabar si tomo una decisión?”. A los profesores, “¿hay indicios de que esto se esté dando en mi centro?”, “¿Estoy dando una respuesta adecuada como adulto y responsable de lo que pase en el centro?”. A los padres, “¿Estoy creando una relación de confianza y comunicación con mis hijos?”, “¿Tengo la responsabilidad de haber creado un monstruo?”.

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