En plenas fiestas del Mardi Gras, un ferry repleto de marineros de permiso y de civiles explota en una bola de fuego, muriendo más de 500 personas. La confirmación de que se trata de un atentado proviene del observador detective de la ATF Doug Carlin (Denzel Washington), hecho que impresiona al agente Pryzwarra del FBI, quien le incluye en una vanguardista línea de investigación consistente en la observación mediante monitores y cámaras multiángulo del pasado (cuatro días y medio) en tiempo real. Para encontrar al asesino, la observación de una de sus víctimas es fundamental, pero con lo que no contaba Doug era con enamorarse de ella.

Supongo que toca hacer un chascarrillo con el título de la película, ya que el rocambolesco argumento es una suma de Laura, Minority Report y Terminator, en ese orden. Claro está que no llega a la altura de ninguna de estas magníficas obras, tengamos en cuenta que produce Bruckheimer, pero pese a su escasa originalidad tampoco es que estemos ante un bodrio intragable. Déjà Vu es ante todo una película entretenida, tanto por llevar con buen pulso la investigación criminal que vertebra la narración como por la locura de su inesperada ciencia-ficción, completamente increíble y por ello más divertida.

Tony Scott “se corta” un poquito después de su interesante pero excesivamente epiléptica Domino, mareando un poco el asunto en las escenas de acción (el habitual traqueteo durante las persecuciones ha pasado de irritante a cansino) pero aun así dando sentido dramático a las escenas, cosa que muchos imitadores del hermanísimo (qué leches, todos los que hacen películas de acción para Bruckheimer) son incapaces de hacer. Respecto a esto siempre ha ayudado su buena mano para los actores, que se repite aquí pese a algún numerito pasado de rosca del señor Washington, en especial esas estruendosas carcajadas que le surgen de golpe sin que uno sepa muy bien a qué viene tanto entusiasmo. Tampoco sabemos a ciencia cierta a qué viene el personaje de Val Kilmer, del que poco a poco se van olvidando según transcurre la película, pero bueno, siempre está bien tenerle ahí, tan gordo que se ha puesto, que se le ve bien alimentao.

Déjù Vu no es precisamente una inolvidable experiencia cinematográfica, es un simple pasatiempo del que sólo se recordarán con el tiempo algunos momentos como esa ingeniosa persecución automovilística que transcurre entre dos tiempos distintos, con el perseguido en el pasado y el perseguidor en el futuro, o la presencia de ese ser inquietante llamado Jim Caviezel, encarnando a un fanático integrista en lo que esperemos no sea un paso más hacia el encasillamiento después de La Pasión de Cristo.

Lo dicho, un elemento más para complementar las, en el fondo entrañables, experiencias consumistas del típico fin de semana pre-navideño. Algún comentario sobre la paranoia post 11-S y sobre las inundaciones de Nueva Orleans, pero no mucho más.

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