Un grupo de chicas infectadas por un virus zombie conviven en una casa donde se protegen mutuamente como si fueran una familia. Juntas, intentan disfrutar de sus últimos meses de “vida”, antes de que la degeneración sea total. A pesar de la cautela con la que protegen su pequeña comunidad, no consiguen evitar el acecho de un misterioso y despiadado personaje que parece obsesionado con encontrar a una chica desaparecida.

El segundo largo del prometedor Andrew Parkinson sigue la estela de I Zombie, ampliando la premisa de aquélla. El argumento de Dead Creatures podría definirse como la versión zombie de Friends. Sin embargo, como ya sucediera en su primera película, el director salva de la pantomima a tan excéntrica historia y la convierte en un drama psicológico angustioso y desesperado. Porque es un drama, que quede muy claro.

La película, a pesar de ser muy deudora de su predecesora, ofrece un planteamiento radicalmente distinto. Ésta vez las infectadas se tienen unas a otras, y eso será lo que las salvará de la desintegración mental total. Intentan aferrarse a la vida y paladean cada minuto de su existencia como si fuera el último (y, efectivamente, así podría ser). Sin embargo, detrás de su aparentemente despreocupada vida está la inevitable putrefacción que saben cercana. La progresiva degeneración que les espera viene a simbolizar la vejez y el mensaje de la película es un claro carpe diem llevado al extremo.

Dead Criatures no se recrea tanto en el horror personal de I, Zombie y por ello quizá no consigue llegar a calar tan hondo. Hay un mayor distanciamiento de los personajes y, por lo tanto, la carga dramática es menor. Sin embargo, el buen trabajo de las actrices consigue que el guión sea mucho más creíble. Fruto del relativo éxito de la opera prima del director se nota además una gran mejoría técnica. Los efectos especiales son, aunque modestos, bastante buenos, sobre todo los miembros amputados, y la imagen es muy nítida (a veces quizá demasiado limpia).

La propuesta de Parkinson vuelve a ser un film de zombies atípico, tanto que quizá no debiera ser considerado como tal, y cuyo peso recae en su buen guión, de desarrollo lento pero con gran intensidad emocional. Y, por segunda vez, el resultado es bastante notable. Ya veremos si en el futuro retoma su interesante obsesión por los zombies con sentimientos.

 

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