Brian es un chico corriente que un buen día despierta con una extraña sensación en el cuerpo. Mientras dormía, un extraño ser le ha inyectado en el cerebro un líquido azul alucinógeno que resulta altamente adictivo. El trato es el siguiente: Brian le consigue cerebros frescos al monstruo y él le sigue administrando dosis del fluido.

Aunque Brain damage posee las acostumbradas dosis de humor negro características de su director lo cierto es que se trata de su producción más dura y amarga. Se trata de una película extraña que, como película sobre yonkis que es, algo resulta algo incómoda de ver.

Pero vayamos por partes. La película está compuesta por tres capas temáticas que están bastante bien enlazadas entre sí. Por un lado está la interesante relación de mutua dependencia que se crea entre Brian y el parásito. En segundo lugar está la degradación física y mental del protagonista y cómo se va destruyendo su vida. Y por último, probablemente la parte menos interesante a nivel argumental pero la más divertida, son los escabrosos asesinatos que el parásito va cometiendo para alimentarse.

Si bien la película cuenta con elementos narrativos muy interesantes, la pobre realización hace que se vengan abajo. Lo más sangrante es cómo las malas interpretaciones de los personajes se cargan algunos momentos del guión particularmente dramáticos.

Los efectos especiales son también bastante irregulares. Las escenas de matanza están muy bien resueltas por lo general, pero el tiempo no ha sido generoso con el parásito. Aylmer, que así se llama el bicho, está animado con tres técnicas diferentes, dependiendo del plano. La más resultona es el muñeco teledirigido (animatrónica para los entendidos), que por su forma fálica recuerda inevitablemente al Cronenberg de Rabia y Vinieron de dentro de… En cambio carece de toda credibilidad en las escenas de stop motion y de dibujo animado, que a pesar de ser las menos frecuentes aparecen en momentos clave.

Con sus defectos (bastante notorios, por desgracia), Brain Damage se deja ver con bastante interés. Presenta el tema de la drogodependencia desde una óptica original y la acción tiene un buen ritmo. Como el resto de películas de Henenlotter, nos encontramos ante un film de muy bajo presupuesto y una realización bastante discutible, pero rodado con una sinceridad y una ilusión muy difícil de encontrar en el cine comercial más reciente.

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