El cuerpo de Marta Arnau, una chica cualquiera fallecida en un accidente, descansa inerte sobre la camilla de una morgue. El brillo del material quirúrgico es gélido, un adelanto de la frialdad con la que un currante con muy pocos escrúpulos violará y mutilará el cadáver inerte de la muchacha. Para él es un día de trabajo como cualquier otro.

Aftermath es un mediometraje perturbador y muy crudo, tanto que resulta increíble su nacionalidad española, estas burradas son más propias de los alemanes o de los japoneses. La tremenda calidad plástica de los cadáveres (obra del genial equipo DDT) le da a la cinta un realismo documental que realmente revuelve el estómago. El hecho de que el escenario sea una morgue real (inicialmente por problemas de presupuesto) también contribuye a ese realismo macabro, que combina de un modo hipnótico metal reluciente y carne sangrante.

La casi total ausencia de diálogos, la fotografía impecable y fría, la sombría interpretación, la banda sonora de Mozart (si levantara la cabeza)… todos los elementos de la realización están estudiados al milímetro y sometidos al trasfondo de la obra. Y es que lo que ha convertido a Aftermath en toda una pieza de culto no es su salvajismo y crudeza visual, que la hay de sobra, sino su desolador mensaje nihilista. El mediometraje ofrece una visión de la muerte en la que no cabe nada delante ni después de ella. Para Cerdá, cuando el alma abandona el cuerpo, sólo queda un cascarón vacío y muerto, susceptible de ser profanado por cualquier desaprensivo. No hay nada, sólo la vulgaridad de una carne de la que dejamos de ser dueños en el mismo momento que la abandonamos.

Aftermath es una rara avis del panorama español, una obra maestra condenada a la polémica y al tórrido underground debido a su inquietante tema más que a su carácter explícito. ¿No fue abominado Caravaggio por el uso de cadáveres? Y sin embargo hoy es considerado uno de los grandes maestros de la pintura. Difícilmente logrará Nacho Cerdá tal cosa. El mensaje de su cine es peligroso, por mucho que sus cadáveres sean simples maniquíes de látex.

Aunque siempre habrá algún cabestro que no sepa ver más allá de los cadáveres rajados y las tripas colgantes, Aftermath es media hora de poesía visual (dura, muy dura, pero poesía) y una mayor profundidad expresiva de la que aparenta.

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