Que en un día no laborable se reúna toda la cúpula de una empresa en su sede es sospechoso. O están a punto de cerrar un acuerdo vital para el futuro de la empresa o el marrón es de los gordos. Realmente, ambas cosas se combinan en 7 años. Al parecer, la empresa ha estado defraudando durante largo tiempo y que caiga el peso de la Justicia sobre ellos parece inminente. Además de una cuantiosa sanción económica, la infracción (más bien delito) llevará consigo siete años de cárcel para el responsable de esta práctica.

Todo sería muy fácil si las responsabilidades estuvieran bien delimitadas y hubiera miembros de la empresa que no tuvieran conocimiento de esta decisión. No es el caso, todos eran conscientes, todos participaron de la estafa, todos intentaron encubrirla. Por el futuro de la empresa, los “peces gordos” deciden que sea sólo una persona la que cargue con la pena. Con la ayuda de un mediador, se les avecina quizá la tarde más larga y más dañina de sus vidas.

7 años VS Perfectos desconocidos
Esta película nos introduce en la sede de la empresa, un espacio diáfano de dos pisos que giran en torno a una mesa de reunión. Muy poco nos distanciamos en todo el largometraje de esta mesa. Un planteamiento similar al de la popular Perfectos desconocidos. Sin embargo, hay dos componentes que hacen a 7 años mucho más interesante que el éxito de Álex de la Iglesia. La primera es una película para Netflix que se estrenó en 2016, mientras que la segunda supuso un éxito de taquilla en España que sólo es una adaptación de la original italiana homónima del mismo año. Además, Perfectos desconocidos se estrenó en el 2017 con el apoyo de Telecinco Cinema. La rama cinematográfica de Mediaset España apostó por un director consagrado para llevar a cabo esta adaptación.

La apuesta de Netflix fue por Roger Gual, un director no tan reconocido pero que ha sido merecedor de un Goya por la gran Smoking room. A destacar también en la filmografía de Gual la brillante Remake, sobre el reencuentro años después de un grupo de amigos que compartieron una juventud revolucionaria.

Para la gran mayoría que habrá visto Perfectos desconocidos, podemos decir que en 7 años la fórmula es exactamente la misma, pero lo más personal pasa a lo laboral. Esto es un decir, ya que en la película sobre la desdichada empresa no tardan en salir a la luz las intimidades más secretas de cada uno de los candidatos a ir a la trena.

Roger Gual, un estilo propio
Netflix daba así sus primeros pasos en su apuesta por la ficción española. Gual no aporta absolutamente nada nuevo, ya que tanto Smoking Room como Remake son películas que tratan sobre conflictos personales que salen a la luz en un espacio reducido. Sin embargo, da gusto ver cada película de este director. La esencia humana, el egoísmo, el instinto de supervivencia, los ideales… todos brotan con una naturalidad pasmosa en sus obras. 7 años vuelve a suponer una película resultona, muy inteligente y que hace al espectador partícipe en el conflicto gracias también a su espectacular reparto.

Los rostros más conocidos de la televisión y el cine en España se mezclan con otros no tan conocidos, creando una equiparación de fuerzas ante tan grandes actuaciones. Quizá el personaje más manido sea el de Paco León. El actor y director parece coger rasgos de sus populares personajes anteriores y, para mi gusto, es el que menos destaca. Juana Acosta está estupenda en su papel de responsable de cuentas de la empresa. Y para no ser injustos, no menos convincentes están los menos populares Àlex Brendemühl y Juan Pablo Raba.

¿Qué harías tú?
Todas las películas de este director nos hacen tomar partido por uno o varios de estos personajes. En este género intimista encontramos también la gran Felices 140, de Gracia Querejeta que cuenta con la descomunal Maribel Verdú. Y es que el cine español, pese a ir contando cada vez más con una tecnología que le permite crear efectos especiales e imitar a las películas de Hollywood (vean Eva, con Daniel Brühl), se caracteriza más por estos contextos más realistas, más sociales y más personales e intimistas.

Aquí no hay malos, no hay buenos, existen personas con peores o mejores intenciones, pero todos con defectos y en busca de la mejor manera de encajar en sus propias vidas y con los demás. Todos estos escenarios llevan al mismo camino, a preguntarnos qué haríamos en el lugar de cada uno de los personajes, si somos la mejor versión de nosotros mismos o si sólo juzgamos sin empatizar con la situación de cada uno. Una manera entretenida, inteligente y excitante de reflexionar.

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