Aunque a lo largo de la historia de la humanidad ha habido catástrofes que se veían venir de lejos. Otras nos han pillado por la espalda y su impacto propio se ha visto agravado por el pánico y la sorpresa. Las tragedias, cuando nos pillan con la guardia baja, golpean dos veces.

Sea como sea, si hay algo claro es que en algún momento de la humanidad habrá un apocalipsis zombie. Contaminación medioambiental, industria farmacéutica, armas químicas, yogures desnatados… Nadie sabe cuál será la causa, pero la certeza de que algún día los muertos se levantarán de sus tumbas para sorbernos los sesos se antoja tan inevitable como aterradora.

Una vez asumido esto, llega la hora de plantearse cómo afrontar la situación. Es decir, todos tenemos un esquema mental con un protocolo de actuación más o menos lógico en caso de, yo que sé, un incendio o una inundación. Lamentablemente tenemos menos referencias a la hora de enfrentarnos a un ataque zombie. Es por eso que Max Brooks, el hijo erudito y estudioso de Mel Brooks, ha tenido a bien escribir una detallada guía de supervivencia zombie.

A lo largo de unas 300 páginas, el autor expone de manera muy amena y clara algunas de las problemáticas más comunes a las que un cuidadano de a pie tendría que enfrentarse en caso de una invasión de muertos vivientes y se ofrecen algunas estrategias para afrontarlas con ciertas garantías de éxito. Poca broma con esto, después de leer la guía sorprende cuántas ideas erróneas nos ha inculcado la industria del cine o la literatura barata. Bravuconadas que, en una situación límite, bien podrían costarnos la vida y la de nuestros seres queridos.

Por ejemplo, la sierra eléctrica. ¿Quién discutiría el valor de este arma como el matazombies definitivo? En la mente de todos está la imagen de Bruce Campbell en “Terroríficamente muertos”, reduciendo sin esfuerzo a sus enemigos, motosierra en mano, a poco más que una pulpa sanguinolenta. Falso. La realidad es que confiar en un arma así es poco menos que un suicidio por distintos motivos. Una sierra eléctrica es lenta, pesada, poco precisa y demasiado grande para maniobrar en espacios cerrados. Para colmo su combustible se agota rápido y es de difícil acceso. ¿La unión hace la fuerza? Falso. Un grupo reducido de personas puede desplazarse con mayor rapidez y sigilo, aumentando sus posibilidades de supervivencia. Y como éstas, cientos de ideas preconcebidas que nos servirían ante los putrefactos atacantes en bandeja de plata.

En resumen, nos encontramos ante un libro tan útil como necesario, imprescindible para evitar los desatinos y el pánico que, con toda probabilidad, se presentarían ante una emergencia de semejante gravedad. A fin de cuentas, estando las librerías infestadas de libros sobre cómo sobrevivir en un bosque salvaje (como si quedara alguno hoy en día), bien se merece un hueco la educación sobre peligros de escala mucho mayor.

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