La vida del comiquero es dura, pero no menos dura es la del comiquero esporádico, ese aficionado que por falta de tiempo o dinero no puede realizar un seguimiento constante y exhaustivo de todas las novedades que llegan al mercado cada mes.

Es el noveno arte un terreno especialmente hostil para este grupo de lectores, gente que disfruta con un buen cómic en las manos, pero a veces se ve superada por los vaivenes editoriales, la irregularidad de algunas publicaciones y, sobre todo, la dificultad para encontrar stock de según qué cosas. El comiquero esporádico sufre en sus carnes la lacra de las colecciones incompletas y con frecuencia abandona el medio, frustrado por verse incapaz de completar historias o por no saber por dónde empezar.

Por suerte en los últimos años la industria del cómic es cada vez más consciente de que esta realidad supone una gran oportunidad perdida y las reediciones se han convertido en una tendencia importante. Obras esenciales que nunca deberían desaparecer de las librerías vuelven a estar disponibles, de forma ordenada y cuidada, para regocijo de neófitos y coleccionistas de caza mayor. Esto por sí solo sigue sin ser una garantía (os reto a encontrar existencias de la edición Absolute de The Sandman, a pesar de haber salido hace apenas un par de años), pero sí es un valioso faro en la niebla que señala un camino para que las series más imprescindibles tengan un inicio y un final en nuestros hogares.

Una de las últimas obras fundamentales en beneficiarse del tratamiento de los tomos recopilatorios es Fábulas, probablemente lo mejor que ha dado la línea Vertigo de DC junto a The Sandman y Predicador. De hecho, confieso que este texto empezó con la intención de hablar en profundidad sobre Fábulas, pero la introducción se me ha ido de las manos y se ha metamorfoseado en un artículo propio. Me parece bien, es oportuno hacer un alto en el camino para felicitar a los directores editoriales de Planeta y ECC, las dos editoriales que más esfuerzos están haciendo en estos momentos por recuperar material antiguo, y alentarles a seguir por este camino.

Las ventas mandan y es inevitable que las librerías tengan que bailar al son de las novedades. Pero el cómic tiene una deuda con sus clásicos y, del mismo modo que no se concibe una sección de libros sin el Quijote o una tienda de discos sin nada de Led Zeppelin o Pink Floyd, las tiendas de cómics deben tener siempre a mano un buen fondo de catálogo de obras mayores de Alan Moore, Neil Gaiman, Mignola, Frank Miller o, en otra línea, Robert Crumb. De lo contrario el mundo de las viñetas se verá reducido a spidermanes y mangas para quinceañeros, cosas muy respetables pero no muy representativas de la madurez narrativa que ofrecen otras lecturas más adultas y recomendables.

Dicho esto, procedo a seguir devorando con voracidad las páginas de Fábulas otra obra genial que vuelve a estar accesible para el público de forma completa y ordenada, en cuidadas ediciones deluxe, después de haber sufrido una publicación algo caótica en nuestro país.

Comentarios

Por favor identifícate para comentar
avatar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.